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Viernes, 15 de Diciembre 2017

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Obama, el líder


Contundente la respuesta del pueblo norteamericano al cambio. Basta ya de lo mismo.

El triunfo de Barack Obama es de por sí un gran avance en la capacidad de respetar y dignificar el color de la piel. Lo que hace algunas décadas era aún imposible.

El talento del candidato demócrata fue fundamental para convencer a un pueblo que le gusta mantener sus costumbres.

Con un espíritu claro y conciso motiva a sus seguidores con un optimismo que raya en la esperanza y la recuperación de una fe que parecía extinguirse en una crisis económica de proporciones críticas.

En su discurso, ya como candidato triunfante, hizo ver que lo que más trasciende en un pueblo es mantener vivos los ideales. No son la fuerza de los brazos lo que cuenta, sino la de sus ideales. Democracia, libertad y justicia son unos valores que debemos de perfeccionar.

Su visión está llena de espíritu, de una modalidad política que parecía desvanecerse frente a las más modernas estrategias de mercadotecnia política.

Obama mueve las emociones del pueblo, es un líder que aglutina, que sabe conducir las aspiraciones de la gente hacia un destino común.

Estamos viviendo el nacimiento de una moderna mezcla de ingredientes políticos, el carisma y los más modernos recursos propagandísticos. Los recursos económicos son insuficientes para mantener una imagen política deficiente. Se necesita del talento humano, bañado de una auténtica convicción política.

Desde luego que estamos siendo testigos de grandes cambios en el rumbo de la nación más importante del mundo. Aún no estamos seguros de que será para bien, pero sí hay evidencias de que se esperan nuevas formas de gobernar y de hacer política de Estado.

Es una muestra de que los políticos con ideales, con principios y valores arrastran a las masas. Convencen y se convierten en genuinos líderes sociales.

Hasta ahora ya nos habíamos acostumbrado a ver políticos empujados por la publicidad y la propaganda. Por personas que en el fondo no convencen, que dejan mucho que desear. Pero cuando el candidato tiene ese algo especial, la gente lo detecta y lo sigue con lágrimas en los ojos.

Un último aspecto que vale la pena destacar, es ese empeño por sentirse orgulloso por su familia; los que vimos su presentación en Chicago, frente a miles de sus simpatizantes, la misma noche del 4 de noviembre, nos quedamos impresionados de ver a las familias del presidente y vicepresidente electos, unirse con singular cariño. Dos colores, dos formas de ser distintas, unidas por un mismo ideal.

Las familias se unen para formar de nuevo una gran nación.

Preservar ese gran valor de la unidad familiar, el respeto y el no a la discriminación, son columnas vertebrales de una nueva forma de hacer liderazgo social.

Vale la pena cerrar esta breve reflexión con la muy característica manera de aceptar que Dios es una bendición para los pueblos, que todos debemos de bendecir nuestros triunfos y nuestras actividades.

Obama, así cerró su primera presentación como triunfador de las elecciones.

GUILLERMO DELLAMARY / Filósofo y psicólogo.

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