Lunes, 03 de Noviembre 2025

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Novela rosa

Por: EL INFORMADOR

Qué oportunidad más mala, me digo. Desde hace algún tiempo, todas las novelas que me caen son de temas poco gratos: o guerras, o bandidos, o asesinos, o ladrones, o amantes que se traicionan. Por eso he exclamado: “¡Tengo ganas de leer una novela rosa!”, de aquéllas que desechábamos por ñoñas.

No, ahora no las rechazaríamos, y me parecerían las melosas frases del galán algo de un género superior.

—Señorita ¿me concede este baile?
—Pues sí.
La señorita estaba deseando bailar y hablar u coquetear a las buenas.

Casi todas las novelas de aquella época tenían el mismo argumento . ¿Recuerdan “Madrinita buena”, de Rafael Pérez y Pérez, o “La Hermana San Sulpicio”, de Armando Palacio Valdés?, y “María”, de Jorge Isaacs? Había más, muchos autores se dedicaban a este género.

Mi padre, que leía libros muy serios de Víctor Hugo, Zola, Pérez Galdós, Tolstoi, apareció un día con una novela muy bien presentada, atractiva en su ver. No recuerdo el nombre del autor —¿Felipe Derblay?—, pero estaba de moda el libro y lo leí. Era rosa, rosa. No sé cómo a mi padre le interesó esa lectura y me la recomendó. Para mí fue una decepción.

Una señora muy rica deja su fortuna a dos sobrinos que tiene: un muchacho y una señorita, con la condición de que se casen. Él era un pobre empleado, pero guapo; ella era riquilla y guapa también.

A ambos les agradó la buena parte de la herencia que les correspondía, pero eso de casarse no. Es más, empezaron a odiarse y por fin decidieron: “Nos casaremos por papeles, pero nada más”. Y así fue, por lo civil, por la iglesia, pero cada uno vivía en la mitad del palacio. Pasaban el tiempo sin verse.
Hasta que por alguna circunstancia se encontraron en el jardín y se saludaron.

—Caramba —pensó él—, es simpática y linda.
—¡Qué sorpresa —se dijo ella. Si parece un hombre de bien.
A partir de entonces se hicieron los encontradizos, y como estaban ya casados, pues la novela termina bien.

El otro día me contaron el cuento de una muchacha que conoció a un príncipe, se enamoraron, se quisieron mucho y un día ella se atrevió a besar al príncipe y él se convirtió en sapo. Y es que hay historias que se cuentan al revés.

GABRIEL PAZ / Escritora.
Correo electrónico: macachi809@hotmail.com

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