Jueves, 06 de Noviembre 2025

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Nos acostumbramos a la violencia

Por: EL INFORMADOR


El Presidente Felipe Calderón sostuvo ante la anual Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU): “El terrorismo, cualquiera que sean sus explicaciones o motivaciones ideológicas, no tiene cabida en la comunidad de valores que con tanta dificultad hemos forjado”, condenando la práctica del terrorismo. El Presidente reclamó además “corresponsabilidad” por parte de la comunidad  internacional para encarar al crimen organizado y la delincuencia.

El que el Presidente halla hecho referencia al crimen organizado no se discute. Ante los alrededor de tres mil muertos este año, la amenaza que representa el narcotráfico a la estabilidad del país tenía que ser el tema principal del discurso del Presidente. Pero no lo fue. ¿Por qué habló el Presidente sobre terrorismo en este importantísimo foro internacional?  ¿Tanto así le preocupa al Presidente la bomba que explotó hace unos días en un importante hotel de Islamabad? ¿Fueron comentarios “politiqueros”, ya que México busca ser un miembro no permanente del Consejo de Seguridad? ¿O será que el Presidente estaba pensando en los muertos del 15 de septiembre en una plaza en Michoacán, su Estado natal?

Considero que continuará el debate en México si lo acontecido en Morelia debe o no considerarse como un acto terrorista. Yo me pregunto si el problema es que en México nos hemos acostumbrado a vivir en un país violento. En cualquier país “normal”, el que un individuo lance dos granadas en una plaza repleta de familias, no habría ninguna duda de considerarlo un acto terrorista, apenas que las autoridades claramente identificaran a la persona involucrada como un desquiciado con serios problemas psicológicos, llevando a cabo este atentado sin ningún vínculo con otros individuos, pero nadie en este momento está contemplando esta posibilidad.

Parte del problema es que cuando uno hace un recuento de los múltiples actos de violencia y crueldad en los últimos años en México, una granada lanzada en una plaza pública no debería de ser tan cuestionado. ¿Recuerdan cómo en 2006 explotaron petardos en la sede nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI)? ¿Cómo entender los ataques a los ductos de Petróleos Mexicanos (Pemex) con un impacto económico devastador? También ese año se encontró un carro con explosivos en el estacionamiento de la Torre Mayor en la Ciudad de México, que requirió que se evacuara por completo lo que se considera el edificio más alto de Latinoamérica. ¿Y qué pasó con el bombazo que sucedió en la avenida Chapultepec, también en el Distrito Federal, en febrero de 2008? Parecería que a todos se les olvidó lo que pasó en Sinaloa. Presuntos sicarios del narcotráfico se enfrentaron, en donde uno de los grupos hizo estallar un carro-bomba con tres recipientes con gas. En esta ocasión se encontraron un total de cuatro carros-bomba.

En una democracia, el Gobierno necesita tener claridad y transparencia con la ciudadanía, ya que el apoyo de la sociedad civil es clave para cualquier Gobierno que tiene que enfrentar amenazas a la seguridad nacional. El Presidente y su gabinete tienen que decirle al país cuál es el diagnóstico real de la situación de seguridad, para tener el apoyo de la población, ya que la “cura” será dolorosa, pero necesaria.

ANA MARÍA SALAZAR / Analista política.
Correo electrónico: salazaropina@aol.com

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