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Miércoles, 19 de Junio 2019
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Nobel de Economía

Por: EL INFORMADOR


El sistema económico capitalista, tal y como lo entendemos hasta el presente, se basa fundamentalmente en las tesis de Adam Smith, de donde resulta que si dichas tesis estuviesen equivocadas, todo el sistema lo estaría también, haciéndose necesario establecer, o adecuaciones o nuevas pautas para un nuevo sistema económico.

Sobre las tesis de Smith, otros notables economistas han construido igualmente teorías o generado escuelas, especialmente desde la Universidad de Chicago, cuyos egresados se dedican al atrevido deporte de dar recomendaciones a los gobernantes del planeta Tierra sobre el modo en que deben manejar sus economías desde los altos estudios que como especialistas realizan, pensemos por ejemplo en la llamada “Escuela monetarista” de Milton Friedman, o en la de “Expectativas racionales”, liberada por Robert Lucas.

El hecho de la globalización y la sujeción de los países en desarrollo a las economías dominantes del planeta ha permitido que todo este conjunto de teorías económicas, derivadas de Smith, y de la mencionada Universidad de Chicago, no solamente se propongan, sino que incluso se impongan como condición para recibir préstamos o apoyos fnancieros, en el supuesto de que son las mejores estrategias, los mejores sistemas y la garantía invaluable para alcanzar el progreso.

¿Y si todo este aparato teórico estuviese equivocado? Pues resulta que en opinión de notables economistas, igualmente de reconocimiento mundial e incluso premiados con el Nobel, todo este aparato teórico está equivocado desde la raíz. Los nombres son de por sí tan ilustrativos como los tiempos en que ya se venía diciendo que la base estaba equivocada.

Pioneros en esta odisea fueron los estudios de Von Neumann y Morgestern, realizados por los años treinta del siglo XX, y profundizados por Nash, en los años cincuenta en torno a la llamada “Teoría de los juegos” que echaba por tierra 200 años de egoísmo económico smithsoniano; lo mismo harán con las teorías consecutivas los trabajos de Lipsey y Lancaster, así como Gary Becker y Stiglitz con su magnífico trabajo titulado “El malestar en la globalización”.

La tesis básica en que se fundamenta la crítica a los principales postulados del capitalismo liberal es tan simple como permanente: ni el ser humano ni las organizaciones que genera son iguales ni funcionan de la misma manera que los modelos hechos desde el escritorio, o con base a una determinada sociedad, y sobre todo, el principio según el cual el egoísmo individual es el motor más poderoso del progreso, como lo estipulara Smith, conduce irrevocablemente a la ley de la selva, con lo cual toda construcción civilizadora humana acaba en el caos.

Pero lo más sorprendente de estos hechos es que a pesar de saberse desde hace décadas que el capitalismo liberal está errado desde su esencia teórica, e incluso otorgando valiosos galardones a quienes lo han puesto en evidencia, la macroeconomía mundial persiste en ignorarlos. Peor aún, ya que no pocos de nuestros flamantes financieros han hechos estudios en universidades norteamericanas, regresando con el firme propósito de aplicar aquí las instrucciones que allá reciben, lo siguen haciendo mecánicamente sin considerar los efectos devastadores que provocan por su optimismo capitalista o su incapacidad para actualizarse.

ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO / Licenciado en Historia.

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