Miércoles, 22 de Mayo 2024

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No hay dinero

Por: EL INFORMADOR

Atrás del escritorio de un burócrata (uno bueno), el dinero siempre parece estar amarrado, los proyectos siempre parecen imposibles y la fiscalización siempre se ve amenazadora. Todos los pesos están etiquetados, sólo hay dinero para pagar la nómina y no se puede impulsar ninguna política pública, por urgente que sea, si no fue prevista en los meses en los que se aprueban los presupuestos públicos. Suda la gota gorda para sacar adelante las acciones de gobierno que le tocan.

Del otro lado, del lado del que no es funcionario, la cosa se ve exactamente al revés: parece que hay dispendio, que no se prioriza, que sólo se pagan ocurrencias y que no hay suficiente control sobre los recursos públicos. Todos los pesos son utilizados con torpeza y con absoluta discrecionalidad, en función del carácter, los amigos y las necesidades del mandamás en turno. Si algo fue conveniado, puede “desconveniarse” y listo. Siempre puede salir un cheque de 245 millones de debajo de la mesa para cubrir una parte de la deuda a la Universidad de Guadalajara (UdeG) y siempre puede aparecer otro, de la Auditoría (sí, de la Auditoría) para ayudar al Congreso a pagar a sus mil 200 trabajadores.

Entonces, ¿cuál es la verdad? Por un lado parece que está canijo moverle un peso a la bolsa pública, pero por el otro, se ve como cosa de niños. La verdad es que las dos miradas, la del atento y respetuoso funcionario (bueno, es un ejemplo) y la del enojado ciudadano informado (oh pues, también es un ejemplo) son simultáneamente ciertas.

El manejo presupuestal en este país, en este Estado y en los municipios (aunque en menor medida) es un desastre. Por un lado, hemos construido un complejo sistema de elección de prioridades que pasa por la representación ideológica en los congresos y que “amarra” todo lo que puede las bolsas que manejan los gobiernos. Diez pesos para el hospital, uno para la UdeG, cuatro para las carreteras y nada de movimientos entre ellos. El presupuesto está blindado, ligado a programas y a proyectos, a instancias específicas e incluso, en algunos casos, a herramientas de evaluación. Pueden sobrar pesos para viáticos y faltar centavos para energía eléctrica y no hay forma de moverle.

Pero el asunto es que ya le hallaron. Siempre le han hallado, pero antes era corrupción, simulación y robo, y hoy es todavía eso, más un complejo entramado de convenios, bonos, montos adicionales y bolsas enormes de dinero que llegan para ser usadas discrecionalmente. Que si excedentes de petróleo, que si fondos concursables, que si programas tripartitas. Es una maraña enredadísima que propicia la discrecionalidad y la falta de control. El Ejecutivo puede optar, por sus pistolas, por cancelar un convenio o desconocerlo, como en el caso de la UdeG. Y luego, tras algunas acrobacias, puede sacarse un cheque de la manga.

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