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Viernes, 24 de Noviembre 2017

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¿No hay culpables?

Hasta el miércoles 6 de mayo, Jalisco estaba “libre” del virus de influenza humana, bautizado ya para esa fecha como A H1N1. Bueno, eso creíamos, o mejor dicho eso era lo que querían hacernos creer las autoridades locales. Desde ese día, el mundo se nos vino encima.

El panorama del viernes 9 al mediodía se había ensombrecido. Oficialmente se hizo el anuncio de que en días recientes se habían presentado tres defunciones de personas que muy probablemente habían estado contagiados por el virus A H1N1. Tlaquepaque, Acatlán y Guadalajara fueron los municipios en donde la influenza humana decidió manifestarse.

Dado el contexto de una epidemia reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) con una presencia en más de una veintena de países, entre ellos México en la mayor parte de su territorio, no debería extrañar que Jalisco se sumara a la estadística en materia de casos de influenza humana, sospechosos, probables o confirmados, según la terminología de las autoridades. Y hasta el viernes 8 de mayo no pasamos de la segunda categoría; solamente sospechosos y probables.

El problema es que detrás de esos centenares de expedientes médicos, cuyas primeras pruebas de laboratorio fueron enviadas a la Secretaría de Salud federal, ha habido historias humanas verdaderamente trágicas, de acuerdo con los testimonios de familiares de personas fallecidas sin saber si fueron portadores del virus A H1N1.

La que presentó EL INFORMADOR el sábado 9 de mayo en la primera página de la Sección Local podría ser el reflejo de lo que ha estado ocurriendo en Jalisco sin que nos hubiéramos percatado, conforme a la información oficial que cotidianamente se ha venido proporcionando.

En el monólogo (que no rueda de prensa, como se describió) que ofreció ese viernes el gobernador Emilio González Márquez en Casa Jalisco, reveló que entre el 7 y el 8 de mayo se habían presentado tres muertes de personas que probablemente habrían tenido el citado virus. Se refirió a cada caso y de uno de ellos dijo que se trataba de un hombre de 35 años, residente de Tlaquepaque, que ingresó al Hospital General de Occidente (conocido popularmente como Zoquipan) con síntomas de tos, dolores musculares, rinorrea, fiebre, ojos rojos y dos días con diarrea. Y puntualizó (por favor, preste atención): “Al ingresar con cinco días de evolución, se le suministró el medicamento y se le proporcionó apoyo ventilatorio. Ingresó el 2 de mayo y falleció el 7 de mayo a las 21 horas”.

La historia que cuenta la hermana de la víctima es mucho más terrible que la escueta descripción del gobernador. Porque no dijo que el paciente había peregrinado desde “finales de abril” por una clínica del IMSS y el Hospital Civil, hasta llegar el 2 de mayo a Zoquipan. Ahí (según el testimonio de su familiar), este hombre sufrió un pésimo trato por parte del personal; una enfermera lo sedó para que no diera lata y hasta que “se puso morado” lo entubaron para pasarlo a terapia intensiva. Finalmente, el jueves 7 falleció sin que en ese momento se supiera si fue por el A H1N1.
¿Hay alguien que se haga responsable de éstas (y tal vez otras) muertes en Jalisco?

VÍCTOR E. WARIO / Periodista.
Correo electrónico: vwario@informador.com.mx

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