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Miércoles, 20 de Noviembre 2019
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Negociar con los que no quieren

Por: EL INFORMADOR

En mis talleres de negociación siempre surge el debate sobre cómo negociar con aquellos que usan la intimidación o la violencia como estrategia de negociación. Las discusiones sobre el tema reciben mucha atención de los participantes, que además intentan encontrar técnicas que puedan ser útiles en negociaciones con familiares, colegas, o empresas. En el ámbito político, la respuesta a estas interrogantes tienen una connotación mucho más urgente e importante, ya que el no encontrar un acuerdo puede traducirse en más violencia y menos acuerdos, fenómenos que amenazan la paz que se requiere para garantizar el desarrollo de cualquier democracia.

Analicemos entonces la decisión del Frente Amplio Progresista (FAP) de tomar las tribunas de ambas cámaras. ¿Cuál debería ser la estrategia de negociación del Gobierno, y el resto de los legisladores? En todo manual o taller básico sobre técnicas de negociación, siempre se recomienda a todo negociador ponerse en los zapatos (o tacones) de su contraparte y entender sus intereses reales. Entonces hagamos el ejercicio. ¿Cuáles son los intereses reales de Andrés Manuel López Obrador y su séquito de legisladores y seguidores al tomar las cámaras y detener el trabajo legislativo? Ellos alegan que esta acción es una forma de asegurar un "real" debate sobre la reforma energética presentada por el Gobierno, y así impedir la "privatización" de Petróleos Mexicanos (Pemex). Pero la realidad es otra. Estas acciones sólo se pueden entender en el contexto de los intereses políticos personales de López Obrador con miras a 2012. Esta toma no tiene nada que ver con Pemex y todo que ver con asegurar otra candidatura del tabasqueño a la Presidencia.

Y aunque sí debe debatirse a fondo la propuesta de reforma energética, lo que menos quiere Andrés Manuel es eso, un debate. Porque su objetivo real es asegurar que no se apruebe la propuesta del Presidente Calderón. Cualquier legislación que se apruebe, por más "light" que sea, será interpretada como una victoria más para el Presidente Calderón, el Partido Acción Nacional (PAN) y para ciertos sectores del Partido Revolucionario Institucional (PRI), y como una derrota más para López Obrador, el FAP y el de por sí desgastado Partido de la Revolución Democrática (PRD).

La reacción inicial del Gobierno y el resto de los legisladores y partidos ante las amenazas de López Obrador y el FAP de mantener tomadas las tribunas y otras acciones de resistencia civil, debe ser simple y llanamente de no negociar y no revisar otras opciones. En los cursos de negociación se enseña que cuando la contraparte busca intimidarte, la mejor estrategia es no renunciar a la postura inicial, salvo que haya conseguido algunas concesiones y sobre todo no dejarse coaccionar para llegar a un acuerdo. Cualquier concesión o negociación que se haga ante comportamientos que van en contra de la ley o las instituciones democráticas, sería premiar el mal comportamiento. Toda discusión o concesión deberá de hacerse una vez que las tribunas sean liberadas. No antes.

Y aunque la toma de las tribunas ha afectado el trabajo legislativo, el impacto es más "show" que realidad. La propuesta de reforma se presentó demasiado tarde para ser aprobada en esta legislatura, y los legisladores pueden continuar trabajando en sedes alternas, si en verdad lo quisieran.

ANA MARÍA SALAZAR/ Analista política.

www.anamariasalazar.com

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