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Domingo, 17 de Febrero 2019

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Nancy “Gordillo” Pelosi

Por: EL INFORMADOR


NUEVA YORK.- Hay crímenes que no proscriben, que siempre serán crímenes sin importar que los tiempos cambien. Hay criminales directos, los que propiamente realizaron el hecho, y los indirectos, quienes conocen el acto y se convierten en cómplices al permanecer inertes y mudos sin levantar la voz, sin denunciar los hechos.

Que un ex presidente se robe el dinero de los ciudadanos de un país en el que casi la mitad de su gente se muere de hambre. Que la lideresa de un sindicato educativo no sepa leer y tenga varias mansiones, pero sus maestros reciban un salario de quinta. Que la presidenta de un Congreso oculte información sobre qué sabía al respecto de un grave crimen cometido por el Estado.

Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, está en el centro del que podría ser el primer gran escándalo político del Gobierno de Obama.

La decisión de Obama de dar a conocer una serie de documentos clasificados de la CIA y del Departamento de Justicia por los que el Gobierno del ex presidente Bush autorizó técnicas de tortura para interrogar a presuntos terroristas, desató una guerra en Washington que ahora ha salpicado al Partido Demócrata.

De acuerdo con información difundida por varios medios de comunicación, un ex asesor de Pelosi dio a conocer que la legisladora fue informada oficialmente en 2003 sobre la forma en la que el Gobierno de Bush estaba interrogando a diversos detenidos. En otras palabras, de ser cierta tal información, Pelosi sabía sobre la tortura desde entonces y no hizo ni dijo nada.

La política está llena de signos y símbolos que son instituciones formales e informales que nutren, a veces perversamente, la vida pública. El miércoles pasado, después de una sesión en la que Obama supuestamente analizaba a puerta cerrada, junto con su vicepresidente y una delegación de legisladores demócratas, las candidatas a llegar a la Suprema Corte de Justicia, el presidente soltó una papa caliente al desviar el tema de su elección para la Corte y anunciar que la propuesta de reforma al sistema de salud sería votada a más tardar el 31 de julio.

En tal conferencia de prensa, Pelosi estuvo todo el tiempo flanqueada por el presidente mismo y por el vicepresidente, quienes casi paternalmente la escoltaron de regreso a la Oficina Oval, luego de realizar el anuncio sobre la reforma de salud. Al término de la conferencia no tomaron preguntas de los reporteros.

Pelosi, como presidenta de la Cámara de Representantes, es la figura más visible del Partido Demócrata después del mismo Obama, y cualquier iniciativa de ley o reforma que la Casa Blanca desee impulsar tiene que pasar por la oficina de la legisladora y ser negociada por ella con sus colegas en el Congreso.

Por ello, a Obama parece no importarle la complicidad de la lideresa legislativa. No parece importarle haber primero dado un paso hacia adelante al transparentar esos documentos y dar 20 hacia atrás al congelar este caso con la promesa de una “comisión de la verdad”. Con toda la distancia obligada y diferencia entre ambas, Nancy Pelosi podría convertirse en una Elba Esther a la gringa, una aliada presidencial incómoda y con trayectoria cuestionable, pero necesaria.

GENARO LOZANO / Politólogo e Internacionalista.
Comentarios: genarolozano@gmail.com

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