| Muchos libros Por: EL INFORMADOR 14 de mayo de 2008 - 23:00 hs En estos puentes que nos han inventado para que juntemos varios días de asueto y podamos hacer un viajecito (si tenemos dinero), me he dado a la revisión de lo que contiene mi cuarto, que es también mi estudio y la habitación de mis descansos. Es decir que he hecho una limpieza casi general. Ropa que sobra, zapatos que no voy a usar, cachivaches inútiles, libros... No puedo imaginar cómo he reunido tantos entre comprados y regalados. Me he dicho muchas veces: “Un libro más y tengo que salirme de mi cuarto, hay que hacer una selección”. Y la hice. Resultó una tarea interesante, porque hallé muchas obras de las que no me acordaba y otras que me tentaron a volver a leerlas. Entre éstas están las de personajes históricos de gran impacto que con sus decisiones y formas de vida nos han traído al día de hoy. “El Cid Campeador” de Ramón Menéndez Pidal; “Don Álvaro de Luna”, de César Silió; “El conde-duque de Olivares” de Gregorio Marañón; “Isabel, camisa vieja” de Vizcaíno Casas, y muchos más. Éste que califica a la reina Isabel la Católica de “camisa vieja”, llamó la atención de mis hijas por lo extraño que les sonaba. Merece una aclaración. Pocos años antes de la guerra civil española, un señorito rico fundó La Falange y los falangistas, quienes ayudaron a Franco a realizar incontables fusilamientos. Dichos falangistas llevaban un uniforme, en el cual lo más importante era la camisa azul. Incluso en su macarrónico himno figura esa camisa. Aquellos que se afiliaron a La Falange antes de la guerra eran llamados “camisas viejas”, y a esta denominación le daban mucha categoría, no así a los que llegaron después: “camisas nuevas”, título de menor importancia. Con la gloria que aquel régimen fascista dio a la reina católica, cabe pensar que quien en la historia usó la camisa más vieja sería ella, no sólo por lo antigua, sino porque la leyenda nos cuenta que prometió no cambiársela hasta que tomara Granada. Aunque el autor de este libro, Vizcaíno Casas, es un franquista redomado, salvé el volumen de los que iba apartando para deshacerme de ellos. Y, a pesar de saberme casi de memoria la historia de esta gran señora, estoy volviendo a leerlo, porque aquella época fue interesantísima no sólo por hechos históricos, sino por la vida personal de la dama, casada con Fernando el católico, inteligente político, pero como marido, un pillo con todas las amantes e hijos bastardos que uno puede imaginar. Toda la historia es como un gran novelón, más atrayente que las novelas inventadas por los mejores escritores. Y así es el caso de estos reyes a los que como tales les eligió la suerte. Cayó Granada, se descubrió América, se expulsó a los judíos dando origen a tremendas desdichas familiares, esos son los sefarditas, a los cuales, a pesar de todo, España protegió durante la Segunda Guerra Mundial y a muchos salvó la vida. Cuando los reyes católicos heredaron el reino de Castilla por la muerte de Enrique IV, el Impotente, aquello era un verdadero desastre, los nobles abusaban, los caminos estaban intransitables. Fue ella la que supo poner orden en todo, España se unió y se convirtió en una nación de categoría. Actualmente cuando me entero de tantos países que van resbalando hacia un foso cada vez más hondo, me pregunto si no surgirá ese elemento que tanto necesitamos y que ponga todo en orden. GABRIEL PAZ / Escritora. Correo electrónico: macachi809@hotmail.com Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones