| Mis cuentos Por: EL INFORMADOR 3 de enero de 2009 - 23:00 hs Mi madre era buena contadora de cuentos. Las mades se duermen a continuación de “Pues señor, esto era una princesa...”. Además, los cuentos que se estilan hoy son de otra clase. Detengo mi pluma y me veo en mi talla pequeña, sobre una sillita baja, al lado de mi madre. No soy yo esta personilla. Sí, soy yo que me he ido llenando de cuentos y verdades. Los cuentos más famosos son los de Charles Perrault, según yo. Cuando tuve que pasar una larga temporada en Wimereux (Francia) por causa de las guerras, alguien me regaló un libro que contenía los cuentos de Perrault, adornadas sus páginas con bellas ilustraciones, estaba escrito en francés y yo, que me apuraba por aprender bien ese idioma, me dediqué a su lectura. “Cendrillón” (“Cenicienta”): “Le Petit Chaperon rouge” (“Caperucita Roja”): “La Bella durmiente del Bosque” (“La Belle au Bois durmant”); “Lechat boté” (“El gato con botas”)... alguno se me olvidará. Son cuentos ingenuos, pero llevan algo de complicación para hacer sorprendente la lectura. Una vez me dijeron que Perrault los había escrito para enetretener a los nobles de la corte de Francia. Me costó trabajo creerlo ¿Cómo iba a interesarse esa gente tan importante con “Caperucita Roja”? Y me aclararon: “Es que, como en “Las Mil y una Noches”, a estos cuentos les han quitado las partes no aptas para niños. ¡Vaya usted a saber! Pues, esos son mis verdaderos cuentos, los sentía míos y se los pedía a mi madre: -¡Cuéntame otra vez la historia de “Piel de asno”! Y tenía que contármelo con las mismas palabras. Si no, yo la corregía. -No, no, el vestido de Día lo usaba antes que el vestido de Luna. Este gracioso episodio me sucedió con mis hijas. Antes de dormir pedían: -¡Cuéntanos el cuento del “Rey Negro”! Y ahí iba la aventura del “Rey Mago” moreno: Si yo cambiaba palabra, me llamaban la atención: -Aparecía en el balcón de Celia, eso no lo has dicho. Tengo noches de insomnio y me asaltan recuerdos y pensamientos. Todos los borro y vuelvo a vivir aquellas narraciones de mi madre. Los mejores sueños. Del libro de mi memoria elijo mi compañía: “Pulgarcito” o “El gato con botas” o “El Príncipe que despertó a la Bella Durmiente”. Saskia y Rembrandt Saskia era la primera esposa de Rembrandt van Rijn, el pintor más famoso de su época y el mejor pagado. Sarah Emily Miano ha escrito la biografía del artista y el otro día cuando traté de los libros pesados, conté a éste entre los dichos, sin embargo, tiene partes muy interesantes a pesar del extraño estilo con que está escrita. Saskia siente que va a ser madre y esto les llena de alegría a ambos. Rembrandt y Saskia. El padre es más bien feo, pero ella no. Llega el momento en que la criatura esperada llama a las puertas de la vida. Sarah Miano nos cuenta este parto detalladamente, sin ahorrar los sufrimientos de la madre, resulta una parte de la lectura desagradable. El matrimonio estaba feliz con el niño al que le pusieron de nombre Robertus. La narración de su corta vida nos enseña la poca higiene que en aquel tiempo había, era un milagro que un niño recién nacido sobreviviera y así le sucedió a Robertus, murió a los pocos meses y sus padres se hallaron en el mayor desconsuelo. Dos hijos más que murieron pronto y luego Titus que llegó a hombre. Rembrandt pintaba sin cesar, cobraba buenos florines, pero no desatendía a su esposa cada día más débil. Saskia hizo testamento: Titus y Rembrandt fueron sus herederos y, días después, partió de este mundo, sólo tenía 30 años y Titus nueve meses. Rembrandt la lloró y tuvo pesadillas en las que gritaba su nombre: “¡Saskia... Saskia! GABRIEL PAZ / Escritora. Correo electrónico: macachi809@hotmail.com Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones