Jueves, 13 de Noviembre 2025

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Mi amigo el cristero

Por: EL INFORMADOR

Ayer... y hoy

Cada mañana, al iniciar mi actividad cotidiana, frente a la casa de ustedes lo miraba pasar jalando una pesada carreta, y no obstante que no cruzábamos palabra, con el paso del tiempo empezaron los saludos; un buen día, en pleno invierno que sólo lo cubría una camisa toda raída, le obsequié una chamarra y eso motivó que me contara su historia, la cual a continuación narro, y no obstante que se refiere a una de las personas más humildes entre los más humildes, es por demás interesante, tanto que hace ya dos años en este espacio me referí a él.
La historia:
Me llamo Nieves Alonso Cordero, soy originario de Zacatecas, mi cuna fue Nochistlán; nací al empezar el siglo pasado, ya tengo 102 años peleándole a la vida. Soy de origen campesino, no terminé ni siquiera la escuela primaria, y por influencia del cura del pueblo me volví cristero para defender la religión de mis mayores y desagraviar a Cristo. Durante más de tres años empuñé las armas y luché contra el Gobierno, el cual frecuentemente nos golpeaba. Poco a poco se fue perdiendo la causa, hasta que un día (porque el Ejército me venía pisando los talones) tuve que huir y me vine a Jalisco: dejé mi caballo, mi rifle y mi familia, sólo me traje la pistola. Llegué con una mano adelante y otra atrás, el arma que vendí me sirvió para matar el hambre. Desde entonces mi vida ha sido de penurias, de hambre, de miseria y como ve, aquí me tiene arrastrando esta carreta que ahora es mi compañera. En ella cargo, además de mi vejez, el papel periódico que me hacen el favor de regalarme; conmigo no se cumplió el dicho que “el a la Iglesia sirve, de ella come”.

Y para que mis pacientes y comprensivos lectores entiendan bien esta historia, debo decirles que el personaje de este relato es un ancianito que día a día recorre todas las calles del fraccionamiento Ladrón de Guevara, donde era muy conocido, jalando además de sus 103 años, una vetusta carreta con su carga de periódico, cartón o ropa que los vecinos le regalamos. Me decidí a escribir este artículo porque el empezar este año parece que el tiempo lo había golpeado demasiado, ya no podía caminar y decía que las piernas ya no le respondían, y lo que temía que sucediera ya sucedió: me informan que ese ancianito de 103 años en la semana ya falleció, ya fue vencido por el tiempo, pero cumpliendo así lo que me había dicho cuando una vez le pregunté cómo le hizo para llegar a esa edad: “Si quiere llegar es muy fácil, no se muera pronto”.

Y como hace dos y tres años, nuevamente me pregunté ¿el DIF y las instituciones encargadas de remediar estos casos, qué hicieron? Absolutamente nada.

ADOLFO MARTÍNEZ LÓPEZ / Escritor.

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