| Medio siglo del ITESO Por: EL INFORMADOR 22 de septiembre de 2008 - 23:00 hs Hace exactamente 50 años, en septiembre de 1958, empezaron las clases en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), a pesar de que sus modestas instalaciones, en el primer piso de la calle Independencia, habían sido destruidas por unos vándalos. Un día de septiembre empezamos a tomar juntos los estudiantes de todas las ingenierías, las materias del primer año. Uno año después, los de ingeniería química nos mudamos a una casita en la calle de Santa Mónica, esquina con Garibaldi. Éramos tres alumnos de la primera generación: Emilio Ascencio, José Luis Arriola Woog y un servidor, que empezábamos con nuestras clases a las siete de la mañana. En octubre llegaba vestido de smoking, pues apenas había salido de la fiesta del Country. Ahora que me invitó José Orozco González Aréchiga, coordinador de Ingeniería Química y responsable de la celebración del 50o. Aniversario, fue como la hora del recuerdo. Me invitaron no sólo por ser de la primera generación sino, además, por ser el primero en haberme graduado del ITESO el 18 de julio de 1963, tal como consta en un acta manuscrita a la vista —y que la veo con ternura—, pues implica una total confianza, como la que había en esa época, cuando no estábamos oficialmente reconocidos. Ni falta que hacía, pues con una copia de esa hoja rayada donde Luis Enrique Williams, Guillermo Pérez Vargas y Rogelio Castiello, confirman pasé el examen profesional, a puño y letra y que “después de haber cursado y aprobado en la Escuela de Ciencias Químicas del ITESO los estudios señalados para la carrera de Ingeniería Química...” una vez aprobada mi tesis —no sé ni cómo— y el examen, recibía el grado de ingeniero químico. Con ese manuscrito, un mes después entré a la Universidad de Freiburg i.Br., en Alemania, par a estudiar un año de la maestría en matemáticas aplicadas. En realidad debería de haber estudiado literatura, que era lo que más me gustaba desde entonces, pero ya saben cómo es que a veces los caminos de la vida dan vueltas y vueltas, hasta que podemos hacer lo que siempre hemos querido, por recóndito que se encuentre. Un parpadeo y habían pasado 50 años desde aquellos días de mi vida universitaria tan feliz, como fueron los años que viví en la Perla Tapatía de 1951 a 1963. Ahora que estuve en Guadalajara, entendí como nunca, el carácter y la personalidad de los tapatíos: hombres y mujeres —ellas, guapas como siempre— que viven con austeridad, pero que saben disfrutar de las cosas sencillas de la vida, para transformar, poco a poco —en este caso, medio siglo— el entorno, y lo que era una escuela parroquial se convirtió en una gran Universidad con un campus excepcionalmente bello, con esas jacarandas imponentes sombreando las instalaciones, donde se respiran esos valores y principios de los que ahí trabajan y estudian, como son la fidelidad y el amor por lo que hacen, tal como pude comprobarlo con mis propios ojos. MARTÍN CASILLAS DE ALBA / Escritor y cronista. Correo electrónico: malba99@yahoo.com Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones