Jueves, 20 de Junio 2024

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Me gusta la tierra

Por: EL INFORMADOR

Es difícil fijar el momento infantil en el que nos damos cuenta de que vivimos en el planeta Tierra.

Para nosotros de niños era las flores, las caricias de papá y mamá, los juegos con mi hermano, la fruta que traía mi madre del mercado, los amiguitos y luego la escuela ¡Qué de cosas había!

Con la escuela empezaron las preocupaciones. Resultaba que todos eso que conocíamos se hallaba sobre una esfera —esfera... ¿qué era eso?— achatada por los polos y ensanchada por el ecuador. ¡Qué raro!, pero de todos modos lo que nos rodeaba era bello.

Tengo presente siempre los paseos que nos daba mi padre hacia el campo, y una vez allí corríamos, cogíamos juncos y margaritas y nos deteníamos ante los trigales salpicados de amapolas, como bordados en un traje de torero.

No teníamos todos los adelantos artificiales de hoy, pero vivíamos bien y en ambiente sano.

Ahora hemos llegado a una época en la que la contaminación va mermando todo lo bello y útil. Las lluvias son diluvios: la sequía, desiertos; las enfermedades nuevas, para matar al hombre; los hombres, muchos, delincuentes peligrosos, y los gobernantes ineptos para devolvernos la paz y salvar a esta Tierra que tuvo muchos pájaros, árboles flores, frutas y mariposas.

Por esta razón están reunidos en Copenhague, capital de Dinamarca, 192 representantes de importantes países, para tratar de verdad el problema climático que está enfermando a la Tierra.

Es la cumbre de las cumbres, la oportunidad de obrar con sentido humano, que no sea sólo palabras ni intereses encontrados. Todos a una gritar y actuar: ¡Salvemos a la Tierra!
Lo que sucede también, es que los medios de comunicación dan cabida mayormente en sus charlas a los sucesos malignos, hay gente que trabaja por el bien. Me han contado —ojalá sea verdad— que unos científicos han logrado un árbol que crece 15 veces más rápido que un árbol normal, y el logrado es benéfico todo él, tanto las hojas como el tronco y la corteza. Y bosques de ésos serian el remedio para todos.

Ya hay lugares donde se emplea la energía eólica y la solar, y la de la fuerza de las olas. A trabajar. ¿De qué sirven los negocios ricos que tanta contaminación nos lanzan, si todos iremos cayendo con esos venenos?

Hagamos cada uno lo poco o lo mucho que podamos. Que la Tierra vuelva a ser el bello planeta que conocimos en la infancia.
Señores poderosos de Copenhague, por favor, si no lo hacen será fácil fijar el momento de nuestro fin.

GABRIEL PAZ / Escritora.
Correo electrónico: macachi809@hotmail.com

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