| Más respeto Por: EL INFORMADOR 16 de junio de 2008 - 23:00 hs El ciudadano no es moneda de cambio para intereses políticos personales, pero así ha sido tratado por las recientes administraciones gubernamentales de Jalisco. Lo anterior puede confirmarse con la última muestra: el colector de avenida Las Rosas. Una corrupción por —dolo u omisión— que aflora afectando no sólo las arcas públicas con un gasto doble y mucho mayor al original, sino el patrimonio de los jaliscienses, además de que elimina toda posibilidad de lograr la calidad de vida a la que tiene derecho la ciudadanía por cuanto el pago de sus impuestos. Porque la obra hecha se “apoyó” sobre el viejo colector —43 años de uso —al que le imprimieron, además de la carga de los desarrollos habitacionales que han proliferado sin control, la presión de una obra cuya infraestructura requería de la realización del Plan Maestro de Colectores —plan con más de 12 años “durmiendo”— y, en ese tramo, por lo menos un colector mucho más reforzado; trabajo que no fue realizado a sabiendas, y ahí está el meollo del problema, quienes decidieron hacer esta obra —para “motivar” el voto en las elecciones— calcularon el tiempo electoral y la fecha de la inauguración, pero no las necesidades reales de las obras de López Mateos. Una toma de decisión política que estaba destinada a lo que pasó: la afectación del ciudadano en su patrimonio, en el erario y, sobre todo, con una evidente falta de respeto ejercida, pero que les permitió llegar al poder. El ciudadano debe ser el centro de atención en toda democracia, sí, siempre y cuando no malogre, de manera rápida y expedita, uno de los mejores sistemas políticos que hay, como ha sido el caso de los últimos años en México y, concretamente, en Jalisco. Porque como pocas veces antes, la calidad de vida de los jaliscienses, que vivían en la Ciudad de las Rosas les ha sido robada. Desde las explosiones del 22 de abril hasta la fecha, una sucesión de corrupciones han hecho de la vida cotidiana de los jaliscienses una constante zozobra: pasos a desnivel y bocas de tormenta como trampas mortales, centros comerciales que navegan usando los autos de la población a manera de improvisadas barcas, fábricas contaminantes del poco aire limpio que queda, transporte urbano sin seguridad, mucho menos eficiencia, para llegar a una de las mayores aberraciones: el agua de lluvia tirada al drenaje cuando, por otro lado, hay escasez de agua potable y se gastarán —con el beneplácito de algunos— millones para traerla. Los políticos siguen echando el gato a retozar, y más grave aún, hacen patente la falta de respeto que el ciudadano les merece. Porque los yerros habidos no son falta de capacidad —bueno, también—, son evidencia clara de la manipulación del poder para beneficio personal, para beneficio de los intereses de grupo. Y el punto que colma los atropellos es: la impunidad de todo ello. Impunidad de las autoridades, de los constructores, impunidad como la divisa que tiene a la ciudadanía en la desesperación. Impunidad como el ejercicio del poder por encima del ciudadano, por encima de la ética, por encima de todo lo que no sean sus propios intereses. LOURDES BUENO / Investigadora de la UdeG. Correo electrónico: lourdesbueno03@yahoo.com.mx Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones