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Lunes, 18 de Febrero 2019

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Más del voto nulo

Por: EL INFORMADOR


Uno de los temores más publicitados en las democracias electorales es el abstencionismo. Especialmente en países que recientemente transitaron hacia un sistema de democracia electoral o en los que luchan por la consolidación democrática, la participación electoral por arriba de 65% es siempre aplaudida y el abstencionismo es percibido como el enemigo a vencer.

Por ello, cuando la participación electoral en países como México, Chile, Argentina o Brasil cae por debajo de 55%, se empieza a hablar de un “desencanto democrático”, de “peligros de retrocesos autoritarios” o hasta de crisis institucional. Sin embargo, es necesario poner las cosas en perspectiva.

En las democracias occidentales consolidadas, es decir donde la democracia es el “único juego válido en la comunidad ” (Linz y Stepan) o donde “ningún actor político se imagina actuando fuera de las instituciones democráticas para acceder al poder político” (Przeworski), cuando la participación electoral registrada en una elección es considerada como baja, no se habla de desencanto democrático, sino de desencanto con los actores, con las propuestas y con las agendas.

Por ofrecer unos datos duros, en democracias consolidadas como Australia, el promedio de participación electoral llega a 95% del total de los votantes (Franklin), mientras que en otros países, como Estados Unidos, el promedio de participación electoral difícilmente supera 57% en las elecciones presidenciales y 45% en las legislativas (Census.gov). Precisamente en Estados Unidos la participación electoral en elecciones legislativas ha caído hasta 34%, en 1998.

Me concentro en el caso estadounidense porque es el más visible. En las elecciones legislativas de 1988, los republicanos en el Congreso lanzaron una ofensiva en contra del entonces presidente Bill Clinton por el escándalo Lewinski. Uno de los ejes centrales de esa campaña se centró en el juicio político y la destitución del presidente demócrata por el escándalo sexual.

El resultado de esa campaña fue un hartazgo del elector.

Ahora se está viviendo un momento algo similar en México, pero también radicalmente distinto. Desencantados con las opciones que se ofrecen para esta elección legislativa, muchos ciudadanos, en su mayoría jóvenes, proponen darle la vuelta al abstencionismo mediante el voto nulo, o el voto independiente.

Como respuesta a este llamado que parece cobrar fuerza, al menos en el plano mediático y en las comunidades cibernéticas, tanto el Instituto Federal Electoral (IFE), como varios actores políticos e incluso otros actores, como la Iglesia que rayan en la ilegalidad al hacer proselitismo, han lanzado una contracampaña en la que advierten sobre “los peligros para la democracia del voto nulo”.

La democracia se alimenta de la participación ciudadana, pero hay que diferenciar entre abstencionismo, y voto nulo. El primero es nocivo, pero común en casi todas las elecciones legislativas de una democracia presidencial, mientras que con el voto nulo, o el independiente se está realizando un diagnóstico de la falta de calidad de los actores políticos. Si el voto nulo, o independiente alcanza un porcentaje significativo el 5 de julio próximo, lo único que podría verse amenazado es el monopolio político de los partidos políticos y no la democracia.

GENARO LOZANO / Profesor del ITAM.
Comentarios: genarolozano@gmail.com

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