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Jueves, 21 de Noviembre 2019
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Más allá de la tragedia de Mouriño

Por: EL INFORMADOR


NUEVA YORK.- No hay nada más lamentable que perder a un ser querido. Para el Presidente Calderón y para las familias de Juan Camilo Mouriño y de las 12 personas más que fallecieron en el avionazo de la semana pasada, éstos deben ser sin duda tiempos difíciles. El Presidente ha perdido a uno de sus más cercanos colaboradores y amigos, y el Partido Acción Nacional (PAN) ha perdido a un hombre que representaba un relevo generacional en el conservadurismo de la derecha mexicana.

Sin embargo, pasado el luto obligado, el Presidente Calderón debe continuar con su labor de hombre de Estado. Las señales de que lo hará ahí están. Ya se ha dado el relevo en la Secretaría de Gobernación y desde la muerte de Mouriño y del ex fiscal antidrogas, José Luis Santiago Vasconcelos, la lucha contra el crimen organizado no se ha paralizado. Los decomisos y las detenciones siguen su curso y las instituciones del país trabajan como de costumbre.

Desafortunadamente, los mexicanos crecimos y vivimos en una cultura del “sospechosismo”. Asesinatos, atentados, magnicidios y tragedias que nunca fueron esclarecidas. Nuestra historia nacional está llena de interrogantes y de lagunas que jamás fueron resueltas. Por ello, la caída del avión ha generado tanta incertidumbre y tantas preguntas sobre qué fue lo que pasó. La desconfianza ciudadana en las instituciones es tal, que muy probablemente si dentro de 11 meses, como dice la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, las investigaciones concluyen que el avionazo fue un trágico accidente, muy pocos se lo creerán.

Esta tragedia llama sobre todo a un esfuerzo mayúsculo de comunicación social y a trabajar por generar mayor confianza en las instituciones gubernamentales. Ocho años del PAN parecen haber cambiado poco la añeja desconfianza ciudadana de las instituciones gubernamentales.

Más allá de la tragedia, otro punto que merece discusión es el del futuro del aeropuerto de la Ciudad de México. La tragedia de Mouriño ha sido magnificada por los medios, al punto de llamar la zona del avionazo con el exagerado título de “zona cero”, por el hecho de que su avión cayera en el corazón de una de las zonas residenciales más conocidas de la ciudad.

Si un avión mucho mayor, digamos un Boeing 767 con 220 pasajeros, hubiese caído en una zona más habitada que Las Lomas, la tragedia hubiese sido de dimensiones mayúsculas y a ésa sí se le hubiese llamado “zona cero”. Éste es el momento de pensar más allá de la tragedia y pensar en evitar una de mayores proporciones.

La tregua del PRI y del PRD debe servir para algo más que para reconocer al nuevo secretario de Gobernación. Revivir la agenda perdida en el foxismo de un nuevo aeropuerto internacional para la Ciudad de México, que sea seguro, eficiente y viable sería rendirle un homenaje a Mouriño y daría tranquilidad a los millones de mexicanos que todos los días ven el cielo poblado de aviones que aterrizan a pocos metros de las vialidades de la ciudad.

GENARO LOZANO/ Politólogo e Internacionalista.
Comentarios: genarolozano@gmail.com

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