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Martes, 18 de Septiembre 2018

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Malos síntomas

Por: EL INFORMADOR

“Yo no soy antisemita. Quiero decirles que no soy antisemita”.
No acabábamos de sentarnos a la mesa del desayuno, cuando Carlos Abascal, en su despacho de secretario del Trabajo, nos sorprendió con esa especie de aclaración reiterada y no pedida.

El Arcángel Gabriel de tamaño natural (supongo, porque ignoro el tamaño natural de los arcángeles) presidía la antesala. Bajo sus alas pasamos mis hijos Jorge y Abraham y yo, invitados por ese colaborador del recién estrenado presidente Vicente Fox, sin otro motivo aparente que el de conocernos y hablar.

En el fondo existía, sin embargo, una causa especial: había publicado mi preocupación de que un cargo del gabinete presidencial fuera desempeñado por un hombre con los antecedentes políticos, familiares y personales del licenciado Abascal. Años antes, en el diario “Novedades” o la revista “Siempre”, escribí sobre su padre, Salvador Abascal, fundador del Partido Nacional Sinarquista, inspirado y apoyado por el nazifascismo, a cuya imagen y semejanza fue concebido con la carga de odio de las doctrinas culpables de una de las más grandes tragedias de la historia. Mis sospechas sobre la razón verdadera del desayuno se confirmaron al oír su inesperada confesión.

El tono de su voz era amable, su actitud cordial y el cuidado en la selección de sus palabras revelaba un deseo de ser creído. De frente y con claridad adornaba sus respuestas con citas históricas, bíblicas o literarias, tratando de disipar dudas sobre su pasado y convicciones. De pronto los cuatro hablábamos como viejos conocidos. Lo recuerdo como conciliador. Sabía escuchar. Si lo que se propuso fue acercarse a nosotros y establecer un dialogo, lo logró.
Hasta aquí llego en el recuerdo.

Coincide la muerte de Carlos Abascal con la aparición de signos ominosos de un robustecimiento de las agresiones antijudías en México y el mundo. Trabajó a las órdenes de su padre Salvador, quien dirigió 30 años la editorial Jus y fundó otra: Tradición. Era fama que Salvador leía cada palabra de los textos y nada salía de la imprenta contrario a su modo de pensar. Se hicieron ahí varias ediciones de libros como esa mentira tan difundida: Los protocolos de los sabios de Sion; El judío internacional, de Henry Ford; Derrota Mundial, de Salvador Borrego, y reproducciones piratas de Mi lucha, de Adolfo Hitler. Abascal, padre, escribió y publicó un ataque a Franklin Delano Roosevelt por “judío”.

Esos libros se pusieron a la venta la semana pasada en la FIL, de Guadalajara, excepto Mi lucha, porque los derechos son propiedad del Gobierno alemán que impide su publicación y venta. El jueves, una representante de la Comunidad Israelita de México habló con la señora Nuria Macías, directora de la FIL, quien ordenó retirarlos por incitar al odio y la violencia racial. El sábado estaba anunciada una presentación personal de Salvador Borrego para vender su libro. No se le permitió hacerlo en las instalaciones de la FIL, pero buscaba un local cercano.

Los síntomas de algo más profundo se detectan simultáneamente en otros lugares, como Bombay, donde un rabino, su esposa embarazada de cinco meses y otros cinco devotos fueron asesinados mientras rezaban, en medio de un atentado en que los judíos eran objetivo preciso entre muchas otras víctimas. El presidente de Irán insiste en borrar del mapa a Israel. Una nueva amenaza contra los judíos no ha hecho más que comenzar. Alertas.
Recordemos.

JACOBO ZABLUDOVSKY / Periodista.

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