Miércoles, 29 de Octubre 2025

LO ÚLTIMO DE

|

“Maistros” de a seis

Por: EL INFORMADOR


Nada retrasa tanto el desarrollo de una sociedad como la dependencia. México lo ha vivido desde el momento mismo de su emancipación virreinal, por más paradójico que resulte, porque a partir de entonces la dependencia económica trajo consigo la dependencia tecnológica, y ésta se ha seguido nutriendo por el continuo fracaso del sistema educativo mexicano.

Es conocida la anécdota del estupor con que un campesino mexicano descubrió el gran invento llamado “tractor”, y su inmediato deseo de tener uno; sólo que la tecnología cuesta y como el campesino carecía de recursos, debió pedir prestado a los mismos productores del tractor para podérselo comprar. Pedir prestado para comprar tecnología es algo que venimos haciendo desde mucho antes, debido a que en la carrera de los inventos y las patentes nos vimos bastante rezagados.

¿Será que el mexicano no tiene capacidad para la invención tecnológica? Pregunta inútil, todo ser humano cualquiera sea su nacionalidad, tiene la capacidad, pero no necesariamente la desarrolla; se requiere de una orientación educativa que cultive en él tanto el interés como el esfuerzo para crear en lugar de repetir, e innovar en lugar de copiar. La patente de los inventos la ha tenido siempre la raza humana, y ha sido el sistema cultural de cada sociedad lo que ha permitido que esa posibilidad universal sea o no cultivada con mayor o menor éxito.

Nuestro país arrastra ya desde hace varias décadas una seria problemática en materia educativa que rebasa ampliamente el tema de programas y contenidos, para centrarse de manera muy especial en el asunto del profesor, pieza clave y esencial del proceso enseñanza-aprendizaje. En la medida en que el ejercicio magisterial se ha reducido a una mera forma de vida, y no a una vocación altruista, profundamente empeñada en formar a los nuevos mexicanos de manera integral, se explica el cúmulo de inercias, de monótonas formas de educar, de ausencias y mediocridades, que ya de antemano pretenden justificar los aspirantes a la Normal, cuando exigen que el seis sea el mínimo con el cual se pueda ingresar, para ser luego maestros de cuatro en sus resultados, y hasta de menos.

No se ignora que el nuevo perfil de los alumnos está rebasando las capacidades pedagógicas del magisterio, y que los profesores deben enfrentar en las aulas nuevas e inesperadas situaciones que ya de por sí bloquean la atención y la capacidad de aprendizaje de niños y jóvenes, por lo común conectados a todo, menos a la clase; se trata sin embargo, de retos que en principio, dialécticamente hablando, producirían el efecto de impulsar a los profesores a nuevas cimas, si estuviesen lo suficientemente motivados, pero no siempre es así.

La sociedad más que esperar mejores tiempos, debe dedicarse a producirlos, particularmente en materia de educación, si no queremos que nuestro país se siga convirtiendo cada vez más en una nación de prestadores de servicios, de los que no se espera que piensen, sino solamente que acaten órdenes.

ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO / Licenciado en Historia

Recibe las últimas noticias en tu e-mail

Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día

Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones