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Martes, 12 de Noviembre 2019
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Luto

Por: EL INFORMADOR


Hoy estoy de luto y quiero compartir este sentimiento. Y estoy de luto no sólo por los seres humanos que lamentablemente perdieron la vida el martes 4 de noviembre en la Ciudad de México. Eso no se le desea a nadie.

Hay una muerte que lamento más. Me duele profundamente y me alarma, la frialdad, la indiferencia y hasta el regocijo que la noticia del avionazo y de los muertos, causó en muchas personas.

Los que dijeron “¡qué bueno!”, “uno menos”, “a mí qué me importa”, “ojalá otros hubieran ido en ese avión” y expresiones por el estilo, dejan en evidencia una ausencia de valores digna de llamar la atención como para hacer algo y no permitir que nuestros mejores sentimientos se desvanezcan.

Siempre creí que parte de la idiosincrasia del mexicano era la bondad.

Podemos cuestionar y criticar los excesos (a raíz de la muerte de las nueve personas que viajaban en el jet, entre ellas, el secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño) en varios integrantes de la clase política, quienes incluso no han manifestado pesar por las personas que en tierra también fallecieron. Sin embargo, alegrarnos o manifestar desdén me parece otro exceso que amerita revisión y reflexión. Y más esto que otra cosa, porque se trata de nosotros, la sociedad, los individuos que construimos esta nación día con día.

Hay muchos mensajes para la sociedad mexicana en esa falta de buenos sentimientos, y en primer lugar habría que preguntar y preguntarnos ¿por qué alguien alberga esas ideas?, ¿qué pasa?, ¿por qué algunos se alegran y hasta festejan? Y las respuestas, más allá de llevarnos a desenvainar la espada de Damocles, deberían ser una razón para mirarnos en algún espejo.

A lo mejor el candidato preferido no ganó las elecciones; es muy probable que haya enojo porque los diputados no nos representan realmente y por los sueldos que ganan; quizá priva un gran resentimiento porque no se encuentra empleo o porque se perdió, pero no podemos ni debemos perdernos a nosotros mismos, nada justifica que dejemos ir lo mejor de cada uno, lo que nos hace personas.

Ésta es la muerte que lamento más hoy, y me entristece más que indignarme. La muerte de nuestro humanismo. ¿Qué estamos haciendo como sociedad para que mexicanos se burlen de la desgracia ajena? o ¿qué no estamos haciendo?

Lejos de juzgar, esa clase política que nos indigna, nos escandaliza y nos hace enojar, debería atender estas reacciones y hacer algo. Y los mexicanos, también. Un minuto de silencio no impide disfrutar un partido de futbol.

LAURA CASTRO GOLARTE / Periodista.
Correo electrónico: lauracastro05@gmail.com

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