Viernes, 17 de Enero 2020
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Los niños y la calle

Por: EL INFORMADOR


Calles tranquilas ¿hoy dónde? Los chicos no salen ahora a jugar a la calle, el tráfico de coches es peligroso y peligrosos también los encuentros que pueden tener con desconocidos, ¿gente buena?, ¿secuestradores? Éstos pueden tener como abogado a un presidente de una República importante que boga por una delincuente guapa y no protege a sus víctimas.

Nunca olvidaré que cuando llegué a México muchos chamacos salían a jugar a la calle, sobre todo al futbol. Pasaba alguien y detenían la pelota para no molestar al paseante. Yo me dije: “¡Pero qué bien educados están los mexicanitos!”, porque en Madrid entonces, si podían te daban un pelotazo.

Poniéndome a pensar, no doy con ninguna etapa de la historia que se parezca a ésta. Banda de unos, banda de otros, lucha a muerte. Que ganan dinero a montones, pero ¿de qué les vale si no pueden vivir, si una bala puede acabar con ellos y con el inocente que pase cerca?

¿Qué sabio, qué valiente, qué magia puede poner fin a este caso caótico? Porque caos es no poder moverse de casa, pues, no se sabe lo que puede encontrarse fuera.

Por todo esto y más, las calles que deberían rebosar de risas y cantos infantiles, están desiertas, en un ambiente de temor. ¿Viviremos mañana?

Las flores de mi jardín

Mi jardín es pequeño, pero adorna la entrada de la casa, tiene como una barda que, en estos días, está salpicada de flores rojas. Veo cómo se abren sus capullos y si me acerco a ellos oigo decir:

—Primavera.

¡Qué nombre tan bello y puntual! No importa que los hombres hagan disparates de toda clase, la primavera llega siempre y coloca sus alegres mensajes hasta sobre los escombros de una desgracia.

Estas flores que están naciendo ahora en mi jardín me despiertan el recuerdo de otras primaveras, pasadas ya, y los cantarines pregones de sus vendedoras, las floristas.

—Rosas, rositas, de olor y qué bonitas...

—Lilas de la casa de campo...

Vivíamos en un departamento y en esta temporada siempre había flores en la casa. Cerca estaba el mercado, donde se vendían toda clase de cosas ¡hasta flores! Y mi madre regresaba siempre con un hermoso ramo que solía ser de lilas. Las colocaba en un florero de cristal azul casi lleno de agua y el ramo de lilas se esponjaba y llenaban el hogar con su perfume.

Era un adorno precioso y cerca colocaba un frutero con frutas de la época que no veo por aquí: cerezas, guindas, picotas, peritas de San Juan. Estación privilegiada. Las peritas de San Juan son pequeñas y casi de un bocado se engullen. Pero son ricas y hay que comer más de una para darnos cuenta de su dulce sabor.

Debemos aprovechar la nueva estación que alejó el antipático frío. Salir al jardín. Hacer varias excursiones al campo, donde las florecillas silvestres adornan las alfombras del césped.

Cambiamos de ropa, olvidamos los pesados suéteres y lucir blusas ligeras de colores primaverales. Y tomar un helado, dos helados que luego regresará el frío a privarnos de ellos.

Todas las flores me hacen recordar aquellas primaveras, las de mi madre cargada de lilas. ¡Qué lejos están! Creemos que todas las primaveras son iguales, pero la presente nos lleva al recuerdo de la anterior y la otra, la otra. Y hay diferencias entre unas y otras porque la primavera no viene sola, la acompañan familiares, amigos, vecinos, compañeros de la escuela. Cada primavera es un conjunto de seres y cosas agradables, ¿dónde están?

Disfrutemos de la primavera, absorbamos todos sus minutos y hagámosla larga, inolvidable, como deben de ser los mejores regalos de la vida.

GABRIEL PAZ / Escritora.
Correo electrónico: macachi809@hormail.com

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