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Jueves, 20 de Septiembre 2018

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Los molinos y las tortillerías

Por: EL INFORMADOR

Ayer... y hoy

En este artículo, a 15 años de distancia, continúo recordando los programas y campañas que en la Secretaría de Salud se instrumentan, referentes al fomento a la salud, así como para prevenir las enfermedades llamadas “de la pobreza”, como el dengue, el paludismo, la turberculosis, el sarampión y de las cuales traté en mi artículo anterior al referirme a los mercados, poniendo como ejemplo de lo que no debía ser a “Taiwán de Dios”.

Hoy hablaré de los molinos y las tortillerías. Todo comenzó cuando en un crucero citadino el semáforo se puso en alto y por necesidad el secretario de Salud, que en ese momento iba pasando, se tuvo que detener frente a uno de los molinos de nixtamal, ubicado en la esquina casi en el centro de la ciudad: ¿qué fue lo que él vio? No lo puedo señalar con precisión, pero sí el comentario que me hizo al llegar a la oficina: “Por lo que acabo de ver, creo que desde esta fecha no volveré a comer tortillas en toda mi vida”; en la mañana, a plena luz del día y frente a todo el que va pasando, un hombre prieto, descalzo, obeso y mofletudo, sucio y casi desnudo, pues sólo usaba calzones, sudoroso y jadeante, estaba moliendo el nixtamal en “El castillo negro” (así le dicen a ese molino); con el pie iba acercando al molino los granos de maíz cocido sin importar que en ellos fueran olotes, cucarachas y basura; y motivado por lo anterior se inició una intensa campaña a fin de lograr el aseo y limpieza en todos los molinos y
tortillerías para desterrar tal inmundicia.

Conviene señalar que en Jalisco desde ese tiempo y años atrás el negocio de la masa y las tortillas, por ser jugoso, siempre fue manejado por una de las centrales obreras y sus líderes, quienes además de enriquecerse y tener concesionados los negocios, se servían de ellos para lograr posiciones políticas, de ahí que iniciar campañas para erradicar los vicios y el desaseo tenía forzosamente que enfrentarse con tales “representantes del pueblo”, ya que algunos eran senadores, diputados o ediles en el Ayuntamiento.

En esas acciones, sin tener espectacularidad, pero sí muy efectivas, el secretario de Salud primeramente por teléfono se comunicó con el líder de tal central a fin de solicitarle su colaboración en la realización de la campaña, la cual sólo tendía a lograr el aseo y limpieza de los productos que se elaboran; una vez logrado el compromiso por parte de la dirigencia obrera de no intervenir en favor de los mugrosos, entonces sí, ¡a darles duro!, ¡a cerrar negocios! Y con ello a poner el grito en el cielo por parte de los dueños: “Se está atentando contra las fuentes de trabajo”, “se va a producir el desabasto del alimento primordial del mexicano”; pero no obstante lo anterior, día con día los inspectores continuaron cumpliendo con su trabajo hasta lograr, en lo más posible, la regularización de los negocios en cuanto a documentación y aseo de las instalaciones.

ADOLFO MARTÍNEZ LÓPEZ / Escritor.

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