Viernes, 17 de Enero 2020
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Los genes viajeros

Por: EL INFORMADOR


Los organismos vivientes tienen una manifestación genética cuya identificación ha venido ampliándose en la medida de que los investigadores han dado las directrices para que esta parte de la ciencia de la biología, tenga que establecer mecanismos de manipulación, mismos que en la actualidad conocemos como biotecnología.

No sabemos si las leyes establecidas por Gregorio Mendel vayan a ser modificadas en la medida en que se conozcan aspectos de la biología molecular. Es así que el número de cromosomas pudiera ser igualmente aumentado; hasta ahora hemos estado en la creencia de que en la naturaleza ya está todo dicho, lo mismo pasó cuando en la actualidad se creyó a pie de puntillas que la tierra tenía un techo. Lo mucho que hay que descubrir ha de ser responsabilidad de las futuras generaciones. Hoy, sobre todo los que estamos en las ciencias biológicas en su rama agrícola, sobre todo, creemos que se debe hacer un esfuerzo por dar un seguimiento a los principios matemáticos puestos en la madre naturaleza.

Caminando tras la ruta

En la colaboración próxima pasada (EL INFORMADOR, 18 de mayo 2009), quedó pendiente en el tintero la continuación del serial en el que expusimos la presencia del cártamo. Con ello llevamos a nuestros amables lectores por tramos de la ruta que este interesante y ahora necesario cultivo ha seguido hasta llegar a nuestros campos de cultivo en México. Continuemos pues conociendo las características económicas y sociales.

Con el tiempo se descubrió que el  aceite de cártamo era de importancia no sólo en la cocina. Como secaba muy rápidamente y las pinturas que lo contenían no se ponían amarillentas ni se decoloraban, se convirtió en un ingrediente muy valioso en pinturas o barnices especiales. Cuando estos productos se decoloran tienen lugar reacciones muy complejas en las que intervienen el aceite, el pigmento, el aire y la luz. Esos cambios de color no se presentan normalmente cuando se emplea aceite de cártamo en vez de otros aceites secadores. Por esta razón los fabricantes de pinturas empezaron a importar el producto del Lejano Oriente y, otra vez los granjeros norteamericanos comenzaron a pensar en cultivarlo en el país.

Para entender esta propiedad del aceite de cártamo y el asombroso desarrollo posterior que condujo a una metamorfosis del producto (cambios o transformación), es necesario hablar algo de química elemental. En este sentido nuestra particular consideración es que los productores de cosechas tengan la información de las posibilidades de explotar los subproductos de valor agregado. Un ejemplo ¿cuántos pasos rentables comercialmente hablando tiene el jitomate?

Aprovechamiento industrial

El aceite extraído de las variedades comunes de las semillas de cártamo, ya sea por medio de prensas o de solventes, tiene una composición química muy constante. Contiene 75% y a veces más de ácido linoleico, que es un ácido graso di-insaturado (llamado también poli-insaturado). En el punto de instauración, a los dos carbonos adyacentes de una cadena larga de ácido graso les falta a cada uno un átomo de hidrógeno. Como los carnosos no están saturados, el punto donde se encuentran estos carbonos deficientes en hidrógeno, redesigna con el nombre de doble ligadura o lugar de instauración.

En un ácido graso mono-insaturado como el oleico hay una doble ligadura. En los ácidos grasos poli-insaturados hay dos o más dobles ligaduras.

Los aceites poli-insaturados como el de cártamo o el de linaza se oxidan rápidamente en los puntos vecinos al de la doble ligadura. Esta reacción con el oxígeno es el primer paso de las reacciones de polimerización conocidas como “secado” de las pinturas.

Otro de los efectos de la poli-insaturación es el punto de congelación bajo, así que un producto como las margarinas a base de aceite de cártamo, se conserva blando y fácil de untar a la temperatura de un refrigerador.

Las características de un producto de cosecha con posibilidades industriales no nos deben ser desconocidas a los agrónomos; y esto es lógico toda vez que manejamos la fisiología de la nutrición, cuyo punto de partida es el  metabolismo vegetal.

Contenidos industriales

El aceite de cártamo contiene un total de cuatro ácidos grasos, en las siguientes proporciones características: linoleico 78%; esteárico 2%; oleico 14% y palmítico 6 por ciento.

El ácido oleico es mono-insaturado, pues tiene una sólo doble ligadura. Los ácidos esteárico y palmítico son saturados, pues tienen una dotación completa de átomos de hidrógeno.

Puertas al mercado

Así pues como ya había un mercado nacional para el aceite de cártamo, además de una exportación posible a las naciones que no tienen un abastecimiento suficiente de aceites comestibles, se hizo en California un esfuerzo para producir cártamo comercialmente, esto se llevaba a cabo por los años treinta del pasado siglo. Veamos que los que actualmente el ama de casa obtiene para facilidad culinaria, tiene sus antecedentes y sin que éstos quedaran como un dato de registro, sino que los investigadores han continuado su trabajo. Una vez más se volvió a fracasar y la causa principal era el bajo contenido de aceite de las variedades que se empleaban.

Algunos años después allá por la década de los años cuarenta del pasado siglo como ya decimos, el doctor Carl Claassen, investigador de la Universidad de Nebraska, empezó a probar algunas semillas procedentes del norte de África y obtuvo un rendimiento de aceite notablemente alto. En vez de 30% o menos que se lograba antes en los ensayos hechos en los Estados Unidos, ahora se obtuvo hasta más de 35%. Parecía que el cártamo podría ahora competir económicamente con otras fuentes de aceites vegetales como el maíz, el algodón y la soya.

Características agronómicas

La planta no se puede cultivar en regiones de elevada humedad ya que con ello se favorece la presencia de las enfermedades de las hojas y crea además otras dificultades. Estos adversos los vivimos en terrenos cercanos a La Barca, Jalisco. Sin embargo, crece bien en las regiones áridas y semiáridas; por ello el mejor producto de cosecha se da en Sonora y en regiones de poca lluvia; las siembras con una precipitación alrededor de los 850 milímetros llevan riesgos y por tanto un aumento en los costos de cultivo.

En 1947 Paul F. Knowles entró a formar parte del profesorado de la Universidad de California (recordamos a este maestro gran guía de la investigación) como ayudante de la cátedra de agronomía. Una de sus responsabilidades era la investigación de las cosechas aceiteras: lino, girasol, mostaza, ricino, entre otras, para encontrar variedades adaptables al clima californiano o hallar nuevas y mejores plantas. A este maestro el cártamo también le interesó como un cultivo posible para California, a pesar de los anteriores fracasos, pues era más importante el hecho de que en el resto del mundo esta planta se cultivaba muy poco. El joven investigador temía que los granjeros estuvieran desechando y perdiendo para siempre las cepas que se habían cultivado durante miles de años. Así pues, decidió de que antes de que sucediera esto, intentaría recolectar todas las variedades de cártamo que ofrecieran perspectivas para experimentar con ellas (lo mismo que hicimos para iniciar la investigación, él la mejora del agave tequi
lero, siguiendo las directrices).

Knowles empezó por el lento proceso de escribir a sus colegas de África, del Medio Oriente, de Europa y de Asia, pidiéndoles que le enviaran muestras de semillas. Las sembró todas en su parcela de Davis (nos ponemos de pie) y después de cosecharlas se analizaban según las técnicas de laboratorio. Una de éstas era el “índice de yodo” que es una medida del grado de instauración de los ácidos grasos. El promedio de éste en el aceite de cártamo era de 137 a 143 y era tan constante que muchos investigadores abandonaron la prueba por considerarla superflua. Knowles, que era un hombre muy meticuloso y no dejaba pasar nada por alto, siguió pasando la prueba del yodo. Como veremos más tarde, una de las plantas de la India, clasificada con el número 57-147 fue una gran aportación a la agricultura de California.

Una apreciación que exponemos en la presente colaboración en esta página dominical, es que si los agrónomos cultivamos cosechas de calidad y damos en ellas características y posibilidades industriales, entonces las instituciones oficiales, tanto como las empresas en la industria agropecuaria, deben consensuar el financiamiento de la inversión que trascienda rentablemente en el consumidor. Esta es una etapa, la segunda en la ruta de esta cosecha, tan utilizable social y económicamente y que no debemos descuidar; así que esperamos nuevamente el visto bueno de los mandos editoriales en la continuación del serial.

ROBERTO SIERRA B. / Ingeniero agrónomo, asesor y consultor.
Correo electrónico: ing.sierra@yahoo.com

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