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Viernes, 16 de Noviembre 2018

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Los días de las muchachas

Por: EL INFORMADOR


Tratando de buscar unos papeles encontré otros y me entretuve con ellos, porque llevaban como ilustración fotografías de un cuadro de Goya (“Las jóvenes”) y otros de Julio Romero de Torres (“Las muchachas andaluzas”).

El artículo que recorté de un periódico de l971 me pareció muy interesante, pues se refería a cómo vivía la mujer en los años idos. Ya en l971 muchas jóvenes habían iniciado el vuelo, pero llevando un lastre que les impedía subir más.

Cuando nos vimos ante la primera médica nos sorprendimos. “¿Sabrá curar lo que me duele?”. Ya nos hemos acostumbrado y en muchos casos preferimos que nos cure una mujer.

Pero todas, normalmente, quieren casarse, como las mujeres de ayer, como indica la lógica. “Qué suerte la de Manolita, que mañana se casa”. ¿Suerte o no suerte? En el segundo caso tiene su profesión y está a salvo económicamente.

Manolita es guapa. Su abuela lo era también, pero de aquellas jóvenes que esperaban detrás de los visillos de la ventana que Jorge apareciera y “le hiciera la calle”.

¡Qué apuros los de él y ella para comunicarse! Él solía darle una cartita a la portera. “Para la señorita Manolita”, y una propina. Y Manolita leía con pasión aquel escrito. No puedo imaginar cómo llegaban al momento primero en el que se atrevían a decirse “¡Hola!”. Tal vez en uno de esos conciertos familiares en que Manolita tocaba el violín, o en esas tardes de té en las que la mamá había hecho ricas galletas ¡A ver si caía alguno!

No salían solas, sino con la mamá o la tía, y si se quedaban en casa a bordar o a hacer ganchillo y mirar a través del visillo.

Hoy vemos a las chicas solas y cargadas de libros ¡Es un verdadero triunfo! Son guapas, saben latín y, si son listas, tendrán buen fin.

Cargadas de libros y pensando con sensatez en su futuro, así ha de actuar la muchacha de hoy. De este modo se cobran las esperas de la abuela tras la cortinilla del balcón.

Libertad y justicia para todas, que no se equivoquen, que sean amigas de sus compañeros y llegarán a su buena meta: el día que reciban su título, el día que suban de categoría por ellas mismas, por su valor como seres humanos.

Y contemplo con cierta lástima a la muchacha de Goya leyendo una carta y a las muchachas de Romero de Torres esperando con gesto triste la llegada del que no llega. Ya no es así. Lo importante es no pasarse de la raya, no equivocarse.

GABRIEL PAZ / Escritora.
Correo electrónico: macachi809hotmail.com

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