Viernes, 24 de Enero 2020
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Los desgraciados

Por: EL INFORMADOR


Bertrand Russell, el famoso filósofo inglés, escribió en su libro sobre la conquista de la felicidad, lo importante que es buscarla y no quedarse lamentándose por todas las desgracias en las que podemos caer.

Los seres humanos nos quedamos atrapados en el miedo, la culpa, las preocupaciones obsesivas sobre nosotros mismos y la compulsiva adquisición de bienes materiales. Todas estas estériles búsquedas no sirven para nada, más que para atormentarnos a nosotros mismos.

No hay peor desgracia que estar insatisfecho, pelearse con uno mismo y con la propia vida. Nadie es el responsable de los propios sufrimientos, más que uno mismo. Ni hay que pretender echarle la culpa a los demás.

Los seres humanos infelices, son los que han perdido la batalla consigo mismos y son sus propios enemigos. Se sienten derrotados y no ven otro horizonte, que seguirse pelando con la alegría de la vida.

Una de las peores tragedias es vivir ensimismado con la obsesión de protegerse del mundo, de amarse tanto a sí mismo, por miedo a la soledad y al abandono, que cancelan la posibilidad de amar a los demás, que sin duda alguna es una de las más importantes fuentes de gozo.

Los narcisistas no pueden querer a nadie más, que no sea a su propio ego. Sea para salvarse de este mundo y ganarse la vida eterna, sea para alcanzar el éxito o para ganar en lo que puedan. Pero siempre están pensando en sí mismos.

Son desgraciados, porque ven una amenaza en los demás, sienten que los van a despojar de sus grandes tesoros. Y se defienden con agresividad contra todo aquel que se atreva a lastimar su orgullo y vanidad.

Para alcanzar una mayor felicidad se necesita vencer todo aquello que te hace desgraciado y miedoso. Acabar con tu propio enemigo y salir a la vida, con la determinación de también ayudar a hacer felices a los demás.

El ocio y el aburrimiento juegan un papel fundamental en las tragedias de la vida, los que se echan al suelo a llorar sus derrotas y a lamerse las heridas corren el grave riesgo de sumirse en una depresión, enfermedad que acaba con las verdaderas aspiraciones de gozar con la alegría de vivir.

Aceptar lo que se tiene, agradecer lo que se posee, ser capaz de no envidiar a los otros ni de competir inútilmente con los demás. Éstas son claves necesarias para no dejarse atrapar por el sentimiento de impotencia y la bochornosa sensación de tener celos y ridículas rivalidades.

Desgraciados los corruptos, los mentirosos, los borrachos, los egoístas, los fanfarrones, los ladrones, los pedantes, los chismosos, los desleales, los tramposos y desde luego los inútiles.

Cada quien se puede inventar su propia desgracia y azotarse en el suelo de la vida y seguir siendo una miserable víctima.

Junto con el filósofo inglés nos quedamos con el compromiso de ir en busca de nuestra propia felicidad y dejarnos de quejar de todo lo que nos hace desgraciados.

GUILLERMO DELLAMARY / Filósofo y psicólogo.

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