Domingo, 12 de Octubre 2025

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Los cohetes chinos

Por: EL INFORMADOR


“Hay época de tirar cohetes y de recoger vara”, como dice el dicho popular que habla de esos tiempos en los que no sabemos por qué, nos toca celebrar y, al hacerlo, tiramos los cohetes al aire, como esos que chiflan cuando salen disparados y esperamos con curiosidad que exploten para que nos muestren su forma y sus colores cuando explotan, dejándonos siempre con la boca abierta, como si fuéramos dioses que jugamos a crear con unos “pequeño-bangs”, unos nuevos y diminutos universos, que no duran más que unos cuantos instantes en plena expansión.

Una semana después de la ceremonia de inauguración de la vigésimo novena Olimpíada en Beijing, es hora que no podemos recuperarnos de haber disfrutado el talento, la sensibilidad y la tecnología como la que usaron los chinos para festejar el inicio de este encuentro mundial entre los deportistas de más de 40 especialidades, por el placer de hacerlo y por eso, permitir que más de mil millones de personas los viéramos, más los cinco millones que esperan tener como visitas durante este mes de agosto, para que dejen divisas extranjeras por un mínimo de cinco mil millones de dólares.

Pero el espectáculo fue inolvidable y nos quitó un poco del peso que andábamos cargando por esos días, y medio nos levantó el ánimo cuando vimos esos fuegos artificiales que cubrieron a Beijing con tantos colores después de escuchar a los dos mil ocho tambores que marcaron su ritmo jugando con las luces o escuchar la canción, lema de estas olimpíadas: “Un mundo, un sueño”, que es en sí mismo un sueño, mientras los deportistas paseaban sus banderas y la gente aplaudía y el hombre mostraba ese rostro —aunque sea un sueño— con el que deberíamos de caminar siempre: saber que vamos en el mismo barco y que estamos hechos de la misma materia que los sueños. Un espectáculo que me gustaría ver muchas veces más —en cuanto salga el DVD— para disfrutar una y otra vez la creación y el arte que mostraron los chinos —con su amable sonrisa—, como decían los reporteros que abundan en comentarios y, a veces, no nos dejan ver las competencias.

El 08/08/08 vimos pasar —con curiosidad— a cada una de las razas de los que somos habitantes de este azul planeta solitario y ahí, durante el espectáculo, donde todos aportábamos con nuestros sueños, nos imaginamos que sí es posible vivir en paz y que esos otros deseos de muerte, como el deseo de separarse —como en Georgia— es el que implica destrucción, como si importaran algo las fronteras o las pequeñas diferencias entre los vecinos, sin poder convivir y tolerar al otro y ser inclusivos y no exclusivos.

Pero ese día no dejamos que nos estorbara la muerte y nos concentramos en el espectáculo, deseando que nos dejaran soñar por un momento que sí somos un solo mundo y un solo sueño, sin caer en aquello que nos impide disfrutar de la vida aunque sea por un momento.

MARTÍN CASILLAS DE ALBA / Escritor y cronista.
Correo electrónico: malba99@yahoo.com

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