Miércoles, 12 de Noviembre 2025

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Líder de la esperanza

Por: EL INFORMADOR


Hacía tiempo que no escuchábamos un discurso tan bien estructurado y, mucho menos, que conmoviera a los 75 mil demócratas que estaban en el estadio de los Broncos de Denver, más los millones que lo vimos en televisión, como el que ofreció Barack Obama, hace una semana. Nancy J. Adler, académica de la universidad de McGill, decía que era de humanos tener esperanza y que la sociedad del siglo XXI exigía un liderazgo que considerara las posibilidades y que estuviese basado tanto en la esperanza como en las aspiraciones de la gente, y que tendría que ser innovando su visión y que dejara a un lado los patrones plenos de un pragmatismo constreñido. ¡Bruja!

Por eso, cuando vemos a Obama que decide ir a un estadio para ofrecerles, genuinamente, los cambios que ellos claman para que “seamos un mejor país”, y cuando observamos cómo movía los sentimientos de los que lo escuchaban, pensé que hacía uno de esos grandes discursos, como los que hacía Churchill, o el de Martin Luther King de 1963, o el que inventó Shakespeare para que lo dijese Marco Antonio en el entierro de Julio César: “Amigos, romanos, ciudadanos, préstenme su atención que he venido a enterrar a César...”. Obama hizo la lista de los problemas que acosan a las clase media y baja y, luego, las soluciones que ofrece, de tal manera que “la responsabilidad individual y la social vuelvan a ser la esencia de la promesa estadounidense (para mejorar)”, y con estos y otros argumentos, en donde estaba implícito el cambio que simplemente él representa como candidato a la Presidencia por el Partido Demócrata, les garantizó que “podía restaurar la esperanza de una nación”.

Las cámaras mostraban un rostro y el siguiente, uno con lágrimas, el otro compungido sólo de imaginar que se diera el cambio, y todos soñando que los había entendido, que ahora sí resolverían sus problemas.

Por su parte, Obama proponía premiar a los pequeños y medianos empresarios capaces de crear empleos y seguro que lo hará, para darles, cumplirles las promesas, algo que flotaba en el aire, “revisando los programas estatales actualmente en marcha, para acabar con los que no son eficientes y sólo derrochan recursos”. Para los ecologistas hubo promesas: en 10 años, para 2018, se habrá terminado la dependencia del petróleo extranjero y habrá fuentes de energía limpias para proteger al medio ambiente.

Este sentimiento de cumplir con sus esperanzas, coincide con el discurso de Luther King —cuyo fragmento se publicó el martes—, cuando declara que tiene un sueño, y Obama, con sólo recordarlo de pasada, sabía que lo había personificado, sí, que ahí estaba él en ese espacio abierto para “todo el mundo”, sin miedo, sin cerrazones, y este afroamericano, como el sueño de King, se había tomado de la mano del hombre blanco, como es Joe Biden, para invitarlo como vicepresidente para ver si llegan a la Casa Blanca, si el 4 de noviembre votan a su favor.

MARTÍN CASILLAS DE ALBA / Escritor y cronista.
Correo electrónico: malba99@yahoo.com

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