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Martes, 19 de Noviembre 2019
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Las psicopatologías del poder

Por: EL INFORMADOR


Desde luego que el poder trastorna las mentes, incluso de los más fuertes.

Así como el alcohol emborracha, también el poder puede afectar la conciencia y la moral de los que lo tienen.

Para ejercer el poder se tiene que estar preparado para no quedar atrapado en la prepotencia y la soberbia.

Llegar a gobernar no es una actividad cotidiana, es una enorme responsabilidad que debe ser asumida sólo por los que estén preparados para hacerlo sin caer en una borrachera.

Desde la depresión, la megalomanía, la mitomanía, la codicia, la prepotencia, hasta los delirios de grandeza y persecución suelen aparecer en las mentes de los hombres que atrapados por el deseo de ejercer el poder, no se prepararon correctamente para no quedar seducidos con sus mágicos y engañosos encantos.

El poder no es para inflar el ego, ni para proferir vanidades ni pretensiones, sino sólo para servir.

La cuestión de obligar a una evaluación psicológica y médica a los aspirantes a funcionarios y representantes populares, no es ni debe ser una bandera partidista. Es un reclamo social, civil y urgente.

Ya no queremos ver a tantos sátrapas ni vulgares enfermos, en las sillas de la lucidez, la entereza y la madurez.

No es posible que la sociedad permita que gente dañada, adicta, alcohólica o codiciosa se apropie de los cargos que deben servir al pueblo.

Es inaplazable que la sociedad ponga un freno a los neuróticos del poder, que ven en la tarea pública un arca de tesoros y un cheque sin límites para sus intereses personales.

Ya no deseamos a una casta de políticos que abusan de la docilidad del pueblo, para aprovecharse en beneficio de sus desequilibrios emocionales.

El que quiera gobernar, que demuestre que está lo suficientemente normal, que sea capaz de mostrar aptitudes y empeño para asumir el poder sin que se engolosine con él.

Hace más daño a la sociedad un hombre con aires mesiánicos o un adicto al poder, que muchos delincuentes del orden común. Unos están en la cárcel y otros siguen haciendo dagas desde un cargo público.

Por eso tenemos que ponerles un fin a las camarillas de neuróticos del poder. Hay que detectarlos a tiempo e impedirles que asalten las sillas del Gobierno y hagan todo tipo de travesuras sin que nadie se los impida.

A los que son alcohólicos, adictos a las drogas, con demostrables signos de algún trastorno psicopatológico, o con una ética trastocada y corrupta, se les debe impedir que tengan un título para ejercer el poder. Tanto cuanto al universitario no se le entrega su cédula profesional si no cumple con los requisitos para ejercerla.

La limpieza de la corrupción e inseguridad que vivimos debe comenzar en la propia casa.

Que los políticos se sometan a una evaluación médico psiquiátrica.

El poder debe estar en manos de los más sanos, los más sensatos, los mejores hombres. Los más éticos, los más preparados, a los que el poder no los emborrache.

GUILLERMO DELLAMARY / Filósofo y psicólogo.

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