| Las enfermedades en los costos del cultivo Por: EL INFORMADOR 23 de agosto de 2008 - 23:00 hs Para entrar de lleno en el tema de la presente colaboración, trataremos del patógeno Pseudoperonospora cubenses, hongo que ataca repentina, y severamente a las cucurbitáceas, de ellas principalmente a la planta melonera. El hongo se estaciona por el envés o reverso de la hoja, parte del vegetal que está si no en contacto, sí más cercana al nivel del suelo: siendo este lugar propicio para el desarrollo generacional de la espora o semilla del patógeno. Una influencia ecológica directa para que se presente el hongo causando el daño, es la altura sobre el nivel del mar que se tiene en Jalisco, en municipios como Casimiro Castillo, La Huerta y aún más abajo. Está claro que si el vegetal se cultiva en alturas de los mil metros sobre el nivel del mar por ejemplo la zona de Autlán, los problemas fitopatológicos se han de reducir y por tanto el costo de cultivo es menor, porque el gasto en insumos será mínimo. La capacidad de las plantas hospedantes para tolerar un cierto grado de infección varía considerablemente con las condiciones ambientales. Los factores ambientales Al considerar el efecto del medio, es importante que se haga una distinción entre el control de los factores (invernaderos) y los factores realmente efectivos (cielo abierto). Es así como la altitud y la latitud determinan la distribución geográfica de las enfermedades en un sentido amplio (sugerimos a los amables lectores recurrir a la comparación de El Grullo y Autlán), pero en realidad son simples controles de factores tales como la temperatura, humedad, intensidad luminosa y fotoperiodo; es decir, en esto último cuántas horas de luz recibe el cultivo. En la misma forma, el tipo de suelo y su textura (arcilla, limo, arena, en el primer estrato o sea, de cero a 20 centímetros de profundidad), pueden ser muy importantes, pero ejercen su influencia indirectamente al determinar la cantidad y disponibilidad de humedad, aireación y acidez o alcalinidad propias. Debemos los productores siempre tener presente que los hongos patógenos y bacterios requieren asimismo de medios alcalinos o ácidos para su desarrollo; por ello es conveniente mantener el equilibrio en el rango de la reacción, teniendo muy en cuenta que algunas especies cultivadas desarrollan abundantes masas radiculares que sin duda alguna producen cambios, a veces drásticos en el pH. También es importante distinguir entre macroclima y microclima; en nuestro México tenemos grandes extensiones de terreno plano como en los estados de Chihuahua, Tamaulipas, Coahuila, San Luis Potosí; en nuestro Estado la región Lagos-Ojuelos de Jalisco y, Tecolotlán–Tenamaxtlán. La región llamada últimamente de “Los Valles” sostiene parte de la ecología macroclimática. Así pues en los macros y en los micros observamos el “entre tiempo” en general y “el tiempo” dónde y cuándo se desarrollan las enfermedades. Aquí en este aspecto, es de desear, que tanto los inversionistas agrícolas como el productor directo de cultivos, pudieran obtener una información que les oriente en la época y tiempo de duración de la presencia de hongos patógenos y bacterios. Desafortunadamente no siempre es suficiente contar con los datos meteorológicos generales, toda vez que la temperatura y la humedad pueden ser completamente diferentes en la atmósfera general que en la “esfera foliar” de cultivos densos de plantas en vías de crecimiento; ejemplo: lechuga, acelga, betabel y los de condimento como el cilantro y el perejil, sin olvidar al frijol, que junto con la papa y la patata o camote forman también follaje denso. Cuando el follaje de las plantas cultivadas forman una cortina cerrada sobre el suelo, las condiciones que se presentan entre esa cortina y la tierra pueden tener un efecto decisivo sobre la enfermedad. Ya hemos asentado esto líneas arriba, en tratándose de la Pseudoperonospora sobre el melonero. El tiempo, que consideraremos en general, durante la estación de crecimiento determina el predominio y destructividad de las enfermedades y así, en muchos casos el tiempo reinante en los periodos es decisivo. Como ejemplo citamos los conocidos nublados y un tanto calurosos y, “chipi chipi”, condiciones que se presentan cuando se cultiva chile o tomate a cielo abierto; es entonces, que, aún bajo condiciones lluviosas se impone que se apliquen productos fungicidas. Quedamos pues, en que una estación puede considerarse como cálida y seca o fría y húmeda, la observación de estos dos periodos es muy importante. Para el desarrollo de muchas enfermedades la lluvia total es menos importante y también menos trascendente que el número y distribución de los días de lluvia o de las noches de rocío. Costos obligados Éstos, aún siendo previstos en los planes y programas de protección y erradicación de las enfermedades, llegan a alterarse cuando los equipos de aplicación sean de rociado, o de espolvoreo son deficientes o inadecuados. También es posible que el agricultor considere que una sola aplicación de algún producto fungicida es suficiente para mantener la sanidad de la cosecha; sin embargo, la realidad es que se deben considerar cuántas aplicaciones sean necesarias, por vía de repeticiones. No debemos olvidar que el combate a las enfermedades debe ser a tiempo, para llegar a los objetivos. Son indispensables las revisiones después de los trabajos de aplicación, para evaluar tanto eficacia como eficiencia y con base en ello, considerar las modificaciones en la inversión. Es un tanto difícil, aunque de ninguna manera imposible, establecer una consideración completamente lógica y satisfactoria en la concurrencia de los factores que afectan al desarrollo de la enfermedad. Los núcleos de información más amplios serían, probablemente, los meteorológicos, nutricionales o bióticos, o bien los podríamos agrupar en atmosféricos, de suelo o bióticos o, de otra manera, en físicos, químicos y bióticos. Existe alguna superposición o asaz predominio entre los grupos de cada clasificación. Parece pues más conveniente tener presentes primero los factores físicos, luego los químicos y nutricionales y, por último, los bióticos. Aquí nos parece de mucha conveniencia exponer un aspecto que toca también los costos de cultivo. Un vegetal en cultivo debe desarrollarse óptimamente, cuando su nutrición es dosificada a tiempo, y con los elementos fertilizantes requeridos por el vegetal durante su ciclo biológico. Es así, que un organismo adecuadamente nutrido es factor de resistencia a plagas y enfermedades; a mayor debilidad de la planta es también mayor la severidad del ataque. Efectos de la temperatura La temperatura es, a menudo, determinante de la duración de ciertas condiciones estacionales y regionales de las enfermedades; establece pues, una variación interestacional y su distribución geográfica. La latitud y la altitud pueden ser muy eficaces en la determinación de la temperatura y, por consiguiente, en la dicha distribución geográfica de las enfermedades. Es por esto que el tizón tardío de la papa es considerado comúnmente como una enfermedad de las bajas temperaturas, pero puede llegar a ser destructivamente cuando la planta es cultivada durante el invierno en zonas subtropicales o durante el verano, en alturas de los dos mil a tres mil metros sobre el nivel del mar. Caso Jalisco en los alrededores de Tapalpa. Algunos patógenos se desarrollan mejor a temperaturas bajas. Como ejemplo, citamos al hongo Spongospora subterránea, que es una causa y consecuencia de la sarna o cenicilla de la papa, ésta sin embargo, se haya limitada a zonas donde las temperaturas del suelo son más bien bajas; de ahí la importancia agronómica de remover o “voltear” el suelo de cultivo para papa, lo más profundamente posible y, dejarlo así roturado algún tiempo, para una mejor compostación; es decir, propiciamos las condiciones adecuadas a la dínámica de los microorganismos del suelo, hasta el estrato C., o sea 80 centímetros mínimo. Recordamos los tiempos estudiantiles de la carrera cuando los suelos paperos se removían hasta la profundidad de dos metros para alcanzar los rendimientos rentables (considerados así en la economía agrícola norteamericana), de 45 toneladas por acre. Pero como reza uno de nuestros dichos: unos tiempos traen otros; zonas y suelos de allá, son unos, y zonas y suelos de aquí son otros. Conceptos de economía agrícol a conllevan números y cultura de productores; sabemos en esta página dominical que iniciamos los pasos por el camino de los negocios agrícolas y, -consideración muy personal- nuestras futuras generaciones alcanzarán los objetivos, porque, una vez más, esta columna viajera ha constatado el empuje de trabajo de jóvenes ligados al campo y haciendo cultivos no tradicionales y que aquí los consideramos exóticos como las frutillas: zarzamora, frambuesa y arándano. El despegue jalisciense de una agricultura de nivel comercial mundial, tiene su base en los recursos acuíferos; paso a paso y que sea pronto, estaremos dejando como un lejano recuerdo la producción vegetal de temporal. ROBERTO SIERRA B. / Ingeniero agrónomo, asesor y consultor. Correo electrónico: ing.sierra@yahoo.com Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones