Sábado, 11 de Octubre 2025

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La vida en la selva”

Por: EL INFORMADOR

Ayer decíamos...

Cuenta Tolito que la vida en la selva es como podía esperarse la vida que debió haber habido en el Paraíso y es que, entre otras cosas, ahí no hay Gobierno, muerta la Comandante Ramona el sub quedó solterito de modo que, como es de esperarse el puño de comandantas andan tras sus huesos sin que nadie las acuse de acoso sexual, el sub se deja querer y a todas les da alas en tanto se dedica a escribir sus festinados poemas entre los que sobresalen: “Porqué me quité del juicio”; “Mamá soy Marquitos, ya no haré revoluciones” y el más famoso el de “La chacha Ramona”, en honor de su finada pareja.

El único problema que tuvo durante el viaje fue en la capital de las garnachas y los pambazos, el paraíso de las tortas de tamal, donde le entró con gusto y devoción al divino neutle, del mero tlachicotón de tuna y tras degustarlo se encontró frente al caballito con una borrachera de asistente de diputado, es más, terminó capeado en vomitada y besando el suelo patrio, cuando se recuperaba encontró a un recogedor de basura a quien preguntó “dontoy”, del verbo ontar, el recogedor, muy amable, le respondió está usted en avenida Juárez y Paseo de la Reforma, desesperado Tolito le replicó. No entre en detalles, ¿en qué país?

De  ahí, consiguió un empujón a Chiapas en un camión platanero, que gentilmente lo llevó a su destino en la Selva Lacandona, donde fue recibido en son de triunfo, ahí no importa la apariencia física, ni si el sujeto fuma o no, al equipo que le vaya, los partidos políticos no existen, no hay propaganda, es casi el paraíso. Además la selva en sí misma es un regocijo y como hay muchos visitantes europeos a los que esto les resulta muy atractivo, yo diría exótico, dejan como consecuencia puños de dinero (tal vez entre los apoyos gubernamentales tan de moda en nuestro entorno podría el Gobierno otorgar un apoyo económico al sub Marcos y hacer una zona zapatista en algún territorio deprimido, claro que sólo para estimular el turismo revolucionario que tanto gusta allá del charco).

Como no hay nada en qué gastar el dinero lo guardan para pagar las giras que gustan tanto, para pagar las publicaciones de los poemas del sub y para ablandar voluntades que canten la grandeza del movimiento. Los libros, que por cierto dejan muchísimos porque hay que decirlo los europeos tampoco los leen, pero les gusta hacer parecer que sí lo hacen, por eso los cargan y cuando se van ya no quieren saber de ellos, pero ya ahí son del que los quiera, yo creo que ahora que está de moda de nuevo, ya que volvió a la palestra, (por desgracia sin la linda Martita) el señor presidente Fox y dada la evidente simpatía que existe entre ambos podía pedirle que se los regale para aumentar el acervo de la biblioteca Fox, que ya para estas horas debe estar por terminarse, pero como lo tenían castigado desde que apareció su nidito de amor en la revista “Quien” y ya no se sabe casi nada de ellos.

Y qué decir de la comida, pura comida gourmet, jabalí, ciervo, tlacuache, tapir, iguanas y en general la que usted quiera, lo malo es que andan sueltos y hay que matarlos y desollarlos lo que da flojera y ha producido que gran parte del personal se vuelva vegetariano con lo que la única competencia son los animales que por ahí pastan. También existe una cocina común donde le dan de comer a todos los soldados de los zapatistas y a todo el que se arrime, nada más tiene que tomarla del perol común, es gratis, aunque hay que decir que difícilmente alcanza la categoría de comida, más bien parece rastrojo. El tío vivillo desde chiquillo logró hacerse novio de la cocinera que sirve en el comedor de los y las comandantes y parafraseando a George Orwell en “Granja Animal”, en el campamento “todos somos iguales, pero hay unos más iguales que otros” y ahí sí se come mejorcito, porque el sub es muy frugal.  Además la naturaleza provee de frutos, hongos y otros productos para comer, fumar y divertirse.    Pero no todo ha sid
o reír y cantar para el tío, y es que aunque nadie lo molestaba porque bebía, porque comía y porque fumaba todo el día tabaco o de la yerba vaciladora, a más de experimentar con unos hongos que lo comunicaban, según él con las deidades mayas. Había otras actividades en las que no le iba tan bien, como la vez que tuvo un romance con una joven aborigen que hizo que le subiera la bilirrubina y las hormonas errituflasticas del periflactero inferior, pero por más que el entusiasmo creciera su edad lo volvía a su realidad y obviamente requería de unos de esos modernos aditivos que, según los anuncios de la tele que todo vuelva a la juventud, a ese cambio de verbo que consiste en cambiar del verbo estar de los jóvenes que están bien por el de los viejos que se sienten bien. El hecho es que le ofrecieron una pastilla azul, pero sin marca, ni la selva profunda se ha librado de este delictuoso comercio, pero al no haber más y ser mucha la necesidad de lucir se la tomó, ya se moría, se puso colorado y sintió taquicardia
que pensaba no la contaba.

CARLOS ENRIGUE / Abogado.
Correo electrónico: ayerdecíamos@hotmail.com

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