Sábado, 18 de Octubre 2025

LO ÚLTIMO DE

|

La tercera es la vencida

Por: EL INFORMADOR


Sobre la faz de nuestro planeta, si hay algo que nos distingue a los seres humanos de los demás organismos, es la huella impresa que dejamos transformando el campo y edificando las ciudades. No es el alma que nos desiguala entre animales y plantas, sino nuestro actuar sobre el mundo material, sea vivo o inerte.

Desde siempre, las comunidades humanas han sido principalmente rurales; extendidas a lo largo de los ríos, los montes, los valles. Cazando por aquí, cultivando por allá, talando acullá. A lo largo del tiempo, los habitantes citadinos han sido la minoría demográfica. Ahora, sin embargo, se calcula que los humanos hemos pasado por nuestro parteaguas histórico: por primera vez en nuestra existencia somos más los habitantes urbanos que los rurales. Las implicaciones apenas están siendo vislumbradas por los estudiosos, los quejosos y los oportunistas. Lo que todos tienen claro es que hemos cruzado un umbral hacia incertidumbres y desafíos en el gran experimento humano. Algunos atinan mientras otros fracasan.

Después de miles de años aletargados, las últimas décadas se han marcado notablemente por el acelerado y desigual crecimiento de las manchas urbanas. Mientras Nueva York tardó 150 años para aumentar su población en ocho millones de habitantes, la ciudad de Dhaka lo ha rebasado en sólo 12 desastrosos años.

Muchas ciudades sufren, además, por los dolores del crecimiento apresurado, también una condena irredimible por hacerlo mal, por haberse convertido en espacios desordenados, caóticos, descuidados, ineficientes y peligrosos. El caso de la ciudad de Guadalajara, además de no escaparse de este maleficio, se está volviendo un ejemplo claro del crecimiento falaz y deforme, y de cómo ocurre el desquicio urbano a pesar de saber cómo salvarlo.

Nuestra ciudad se descarriló a raíz del éxodo que provocó el gran temblor del año 1985 en la Ciudad de México, cuyo principal efecto fue detonar el desmoronamiento del régimen centralista que acapara la riqueza y el poder del país en el tumor macrocéfalo capitalino. Aquí fuimos los primeros en sufrir la metástasis del cáncer urbano. Y el crecimiento desordenado continúa su modo, a pesar de tantos fracasos.

Así es que entre 1985 y 1992, Guadalajara tuvo su segunda expresión de conciencia colectiva ante el fenómeno mundial de moda (la urbanización contumaz) cuando aparecieron los nuevos símbolos de su modernidad: el tren eléctrico urbano, la Expo, la Feria Internacional del Libro, el World Trade Center y otros sueños más, incluyendo los cotos y los fraccionamientos que desbancaron a las colonias y a los barrios. La primera expresión fue a mediados del siglo pasado, cuando se manifestó en la obsesión por tirar los vestigios coloniales de la ciudad, abriéndole la preferencia a los automóviles, levantando avenidas y entubando arroyos.

Fue tal la maldición que nos cayó por malhechos, que la ciudad literalmente explotó a los pocos años. La fibra de liderazgo social y político también se vio gravemente rasgada y rebasada. ¿Y del proyecto de ciudad? En la desgracia se perdió su mapa, su brújula y visión.

Ahora la ciudad se topa con una tercera coyuntura para intentar hacerse bien. Suficientemente se han advertido las grandes oportunidades que trae consigo ser ciudad sede de los Juegos Panamericanos de 2011. Sin embargo, las voces pensantes ya advierten con lamentos que no se está aprovechando bien el tiempo, porque la miopía de los funcionarios públicos no dio, otra vez, para ver más allá de sus propias aprensiones ni para estar a la altura de la ocasión.

Se dice que también nos distingue a los humanos ser el único animal que comete el mismo error dos veces. Aquí estamos por repetirlo tres.

NORBERTO ÁLVAREZ ROMO / Presidente de Ecometrópolis, A.C.
Correo electrónico: nar@megared.net.mx

Recibe las últimas noticias en tu e-mail

Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día

Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones