| La odisea cristiana Por: EL INFORMADOR 20 de diciembre de 2008 - 23:00 hs Aunque usted no lo crea, uno de los grandes líderes del pensamiento contemporáneo, singularizado por su encarnizada lucha en contra del cristianismo, el filósofo alemán de origen protestante, Federico Nietzsche, declaró, justamente en su polémica obra “El Anticristo”, que en el nuevo mundo que él anunciaba siempre habría sitio para un cristiano ¿a qué se refería? A una odisea que ha sido permanente a lo largo de estos 20 siglos y cuya meta es hacer realidad el estilo de vida propuesto por Cristo. Parece simple, pero a partir de este ideal se ha desarrollado una extraordinaria urdimbre que ha llevado a todo tipo de experiencias, búsquedas, intentos, formas y proyectos de proverbial diversidad y variados resultados que van de las cumbres más elevadas a los valles más profundos. En este camino son innumerables las personas que efectivamente han logrado las cumbres, pocos quienes han logrado por mucho tiempo imitarlas, pero muchos más quienes en un dado momento han entendido que la sabiduría del proyecto cristiano radica en el desarrollo de una vida cotidiana plena, dinámica y servicial, sin ostentaciones. Entre los relatos asombrosos que rodean el Nacimiento de Cristo y los tres años finales dedicados a la predicación de su doctrina y concluidos en circunstancias dramáticas, pero luminosas, se extiende un largo periodo de más de 30 años dedicados a una vida cotidiana plena, dinámica, servicial y sin ostentaciones, cuyo espíritu, motor y motivaciones se deducen de cuanto Jesús anuncia y enseña al final de su existencia terrena. La conciencia de estar cumpliendo con una misión trascendente en el mundo; la vivencia profunda de la libertad interior que rompe las limitantes impuestas por ambiciones e intereses; la experiencia de un vivir intenso que hace rebosar la propia vida; la actitud para mirar y oír con penetrante atención y sensibilidad; la disposición para entablar vínculos de comunión con la naturaleza y con los seres humanos en sus múltiples circunstancias, son sólo algunos aspectos relevantes que conocemos por esos tres últimos años, pero que nos revelan lo que fueron los treinta y tantos anteriores. Esta realidad también nos explica, hasta dónde esto es posible, el impacto que produce entre sus contemporáneos, terriblemente amenazante para unos, y extraordinariamente esperanzador para los demás. Amenazante para quienes han fincado su poder y su riqueza en la prolongación de la servidumbre humana, sometida, engañada y explotada como expresión enfermiza del odio a la vida; esperanzadora para todo ser humano que a pesar de su postración puede aún levantar la cabeza y descubrir que es posible alcanzar su liberación real. Se entiende que toda persona que logra efectivamente imitar a Cristo en este nivel genuino de la imitación, es un cristiano para el cual siempre habrá lugar en el mundo; es a eso a lo que se refería Nietzsche cuando escribió en el capítulo 39 de “El Anticristo”: “Sólo es cristiana en la práctica cristiana una vida como la que vivió el que murió crucificado… tal vida es todavía hoy factible, y para determinadas personas hasta necesaria: el cristianismo verdadero, genuino, será factible en todos los tiempos”. ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO / Licenciado en Historia. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones