Viernes, 10 de Octubre 2025

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La mujer y el cigarro

Por: EL INFORMADOR


Antiguamente no fumaban las mujeres y menos en lugares públicos. Si alguna había caído por curiosidad en esta costumbre o vicio lo ejercía dentro de la casa, donde nadie la viera.

El caso es que entonces se les decía “mujeres malas”.

Vivíamos en una colonia tranquila. Apenas pasaban coches y los chiquillos de la vecindad jugaban al futbol, las carreras y los toros. Desde mi balcón yo contemplaba esas corridas infantiles con un toro que era una tabla con cuernos.

A veces me iba de visita a casa de mi abuela. No vivía muy cerca, pero se atajaba el camino yendo por la calle de Pizarro. Una vía más bien chica y estrecha, solitaria en las mañanas, concurrida en la noche, no digna de la importancia que tiene tal personaje para la historia de España, aunque fue un hombre malo para el Perú.

Mi madre nos advertía:

—No vayáis por la calle de Pizarro.

Y claro, íbamos por la calle de Pizarro. No había nadie. La calle estaba limpia, como recién lavada. Un día le pregunté a mi madre por qué esa prohibición y me explicó:

—Porque allí viven las mujeres malas que fuman y llaman a los hombres.

No entendí, pero mi curiosidad creció y con el tiempo me enteré de que era un lugar de prostíbulos y a qué se dedicaban esas “mujeres malas” que fumaban.

Hoy, eso del tabaco es perjudicial para hombres y mujeres y para los indiferentes que no fumamos y estamos cerca de un fumador. Mi madre no fumó nunca y mi padre dejó el humo cuando, a causa de las guerras, había que hacer cola o tener hoja de racionamiento. Decía que él no se tomaba esos trabajos por un vicio. Pero mi hermano sí fumó, como una antigua locomotora echaba humo constantemente, mi madre, su habitual compañera, eso respiraba y murió de cáncer, y poco después la siguió mi hermano, víctimas del cigarro.

A mí no me llamó la atención. Una sola vez lo probé y me dije: “Sabe mal, cuesta y huele mal”.

Con el tiempo empezaron a aparecer en el cine películas interpretadas por actrices guapas, elegantes y seductoras que fumaban con unos movimientos atractivos y entrecerraban los ojos cuando los tocaba un anillo de humo.

Las jovencitas que veían estas películas, aunque no fueran ni guapas ni atractivas, empezaron a imitarlas y el cigarro y la mujer se convirtieron en cosa común. Tengo dos sobrinas víctimas del tabaco.

¿No murió Margarita Gautier tuberculosa por el cigarro? ¡Qué bien la interpretó Greta Garbo en una de sus últimas películas!

No les hace bien fumar ni a ellas ni a ellos. Contra el cigarro van las leyes. ¿Quiere usted fumar? ¡Pues a la calle!, no en lugares donde ese humo puede herir de muerte al que detesta el cigarro.

Creo haberlo dicho ya en otra ocasión, refiriéndome a la buenísima biografía de “Cristóbal Colón”, escrita por Madariaga, pero bien vale repetirlo. Dice que el almirante vino en busca de oro. Poco halló, pero se encontró con el tabaco que fue un gran tesoro.

No sé qué será de este negocio, seguramente los dueños de esas fábricas estarán temblando por el futuro.

No son mujeres malas las damas que fuman, son mujeres suicidas y lo mismo los hombres.

GABRIEL PAZ / Escritora.
Correo electrónico: macachi809|hotmail.com

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