Lunes, 13 de Octubre 2025

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La mano invisible

Por: EL INFORMADOR


De acuerdo con los acontecimientos que estamos presenciando, y a punto de sufrir sus efectos, los analistas y el público en general se preguntan si el colapso financiero sea la manifestación más estrepitosa que padece la economía estadounidense, de tal modo que la anterior, la de corte clásico, la de 1929, ha quedado empequeñecida hasta la exageración.

Pero, a todo esto la pregunta obligada que hay que hacerse consiste en determinar si el paradigma económico basado en el libre comercio, en la libertad económica, es el correcto, pues como se sabe, este planteamiento obedece a su vez a aquel legendario principio que data del siglo XVIII, cuando los fisiócratas sustentaron el diseño de su propio modelo de acuerdo con un orden natural, en donde todo funcionaría de acuerdo con las leyes sociales, con un orden similar al orden natural, en donde asimismo está regido por leyes que funcionan libremente sin ninguna coacción o intervención por parte del hombre.

Así las cosas, posteriormente viene Adam Smith, que por si fuera poco fue alumno de Francoise Quesnay en París, retoma ese principio de que es la razón de ser del liberalismo económico, y de esa manera sea, después de un interesante análisis, un modelo optimista, halagador, perfecto, según él, en donde todo debía estar regido por la acción de una “mano invisible” que debería ser la que mueve en un sentido o en otro las leyes del mercado, o sea la oferta y la demanda.

Y desde entonces, al menos durante todo el siglo XIX, la economía capitalista va a estar bajo los designios de la mano invisible del bueno de Adam Smith, es decir, que de ninguna manera debería intervenir la autoridad del Estado para inclinar el sesgo económico en un sentido o en otro.

Hay que señalar que ha sido el liberalismo económico, la doctrina por excelencia de la civilización occidental y el producto ideológico del ascenso al poder de una nueva clase social: la burguesía.

Pero por las crisis que atraviesa desde hace tiempo esa doctrina, pasado el esplendor que alcanzó en el siglo XIX, hay que destacar la necesidad no sólo de efectuar meros reajustes que traerán a la postre “un nuevo orden social, basado en la relación nueva de hombre a hombre”, como señala Harold J. Laski.

Sencillamente, porque el argumento de la mano invisible que actúa consciente o deliberadamente en los movimientos de las leyes del mercado es totalmente subjetivo, y eso se está observando en los acontecimientos recientes.

Aquella metáfora vinculada en un principio a la Providencia Divina, se convirtió en un capo que todo lo domina, que todo lo avasalla, y por qué no, que todo lo destruye o lo cambia, siembra el caos y la desesperación de las mayorías sociales. Es el motivo indirecto de las grandes turbulencias políticas y económicas actuales. Basta, arguyamos, en revisar la historia, la historia del sistema capitalista y así de manera precisa e inobjetable podremos conocer cómo se las ha gastado la mano invisible, creación muy inglesa, pero con fuerte dosis flemática del maestro Adam Smith.

MANUEL LÓPEZ DE LA PARRA / Periodista.
Correo electrónico: loppra@economia.unam.mx

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