Se supone que las autoridades policíacas deben cumplir con la tarea de cuidar y atender a la sociedad civil. Sobre todo proteger a la población del hampa y de los delincuentes. Sin embargo, el prestigio y fama de las diversas corporaciones policíacas es la de un grupo más de los que hay que protegerse. Simplemente porque gozan de una muy bien ganada desconfianza.