| La importancia de la autodisciplina Por: EL INFORMADOR 24 de septiembre de 2008 - 23:00 hs Los padres de familia estarían encantados de tener a un hijo que por sí mismo decidiera hacer su tarea, acostarse temprano, levantarse a la hora, sacar buenas calificaciones y de paso jugar, limitadamente, horas de video-juego. Además que fuera obediente, se aseara correctamente y de paso fuera respetuoso. Este ideal de hijo (a) puede lograrse gracias a enseñar adecuadamente la autodisciplina. Hasta ahora el modelo educativo más utilizado se basa en la enseñanza, supervisión y corrección permanente de los hijos. A base de premios o castigos, los niños tienen que aprender a comportarse como los papás quieren. En muchos casos, este modelo ha dado suficientemente buenos resultados, pero también ha motivado a que muchos muchachos aprendan a vivir una vida doble. La que ellos quieren hacer y la que los papás desean ver. Se hace una vida de simulación, de máscaras y actuaciones. Ante los padres aparentan un buen comportamiento, sujeto a evitar los castigos o a recibir los premios. Pero no hay una autenticidad, una verdadera personalidad, honesta, transparente y genuina. Por lo tanto, expuesta a comportarse caprichosamente, cuando sus papás no los vigilan. Por esta razón, hoy en día, es indispensable que las nuevas generaciones adquieran una adecuada autodisciplina. Para lograrlo, es básico desarrollar un plan de confianza y comunicación con los hijos. Hay que poner con firmeza las reglas de convivencia, pero permitir que los hijos se equivoquen y cometan errores, para que ellos mismos aprendan a corregirlos. La clave está en darles esa confianza. A que sepan que todos nos tropezamos y estar dispuestos a levantarse. En este nuevo enfoque, cuenta la propia responsabilidad. La conciencia objetiva para reconocer que se ha fallado. En el anterior modelo se desarrolla un fino mecanismo para ocultar los errores y mentir con mucho ingenio. En cambio, en la autodisciplina se busca reducir el miedo a enfrentar las equivocaciones, y en vez de esperar a que los padres hagan la tarea disciplinaria, es el mismo hijo el que aprende a formarse una propia manera de autocorrección. Se mantiene la confianza y se establece mayor comunicación con los padres, porque no se ve en ellos un factor de amenaza ni de posible enojo o castigo. Se acentúa el cuidado por decir la verdad y hay mucha más responsabilidad para no fallar a la confianza de los padres. Lo que en el modelo anterior resulta de lo más común. Ya no hay manera de estar vigilando a los jóvenes para que no hagan barbaridades. Tenemos que educarlos en la autodisciplina y tener confianza de que ellos serán capaces de decir un no contundente al alcohol o a las drogas. Tienen que ser dueños de sí mismos y conquistar una verdadera autonomía. Por amor y no por miedo. GUILLERMO DELLAMARY / Filósofo y psicólogo. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones