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Jueves, 14 de Diciembre 2017

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La elección de Obama



NUEVA YORK.- Cuando escribo estas líneas es la mañana del 4 de noviembre de 2008.

Prendo la televisión, leo los periódicos en línea, abro mi Facebook y la obsesión electoral ha llegado a su clímax. Todos los status de Facebook, tanto de mis amigos gringos que sí pueden votar, como de mis amigos mexicanos y hasta los de algunos europeos que no pueden votar, dicen cosas como: “vota”, “tal persona ha donado su status para votar por Obama”, “x persona urge a sus amigos a votar”, “los amigos de verdad no dejan a sus amigos votar por los republicanos”.

Cada cuatro años sucede algo similar. La elección presidencial estadounidense acapara la atención del mundo. Es un evento tan importante que trasciende las fronteras de Estados Unidos. Quien llegue a la Casa Blanca, nos guste o no, se convertirá en el actor más importante del sistema internacional y sus acciones, omisiones, aciertos y desaciertos tendrán repercusiones globales. Sin embargo, esta elección ha sido distinta a las pasadas por múltiples razones.

Evidentemente el primer factor que ha marcado la diferencia es la personalidad de Barack Obama, el hombre que de ser el candidato más improbable se convirtió en el ganador más probable. Con una personalidad seductora y un lenguaje hipnotizante, Obama despertó el entusiasmo de millones de votantes y de millones de personas más que no son votantes y que ni siquiera viven en Estados Unidos. La “obamanía” estadounidense se convirtió en un fenómeno mundial. Para el mundo, Obama se convirtió casi en el más reciente símbolo de la cultura pop que Estados Unidos ha producido. Sin duda, Obama merece la mayor parte del crédito de la histórica transformación que Estados Unidos está por activar.

Sin embargo, esta elección se ha convertido también en una patada al pasado inmediato. Millones de estadounidenses votarán por Obama, por lo que él ha representado, pero otros millones no votarán por Obama por esa razón, sino que votarán en contra de George W. Bush y de su partido. Bush, el hombre que de ser uno de los presidentes más populares al inicio de su mandato, se convirtió en uno de los más impopulares al final. Bush, el hombre que de ser el líder de una nación atacada por el terrorismo, se convirtió en el villano favorito de un pueblo que se sintió engañado, manipulado y traicionado. Bush, el hombre que metió a su país en un laberinto sin salida en el Medio Oriente, y que erró en su cálculo de transformar a esta región. Si Obama merece la mayor parte del crédito de su victoria, Bush se lleva el crédito restante.

Ocho años después del arribo de Bush a la Casa Blanca, los estadounidenses finalmente parecen reaccionar a la que ha sido la peor Presidencia de su historia. Treinta por ciento del electorado votó tempranamente y muy probablemente la participación alcanzará 70%. La transición ha iniciado y Estados Unidos inicia una nueva era. Si los demócratas efectivamente conquistan lo esperado en el Congreso, el presidente Obama tendrá la oportunidad y la responsabilidad histórica de cumplir con las altísimas expectativas que ha generado su histórica candidatura. La luna de miel ha comenzado para Obama y éste, tal vez como ningún otro presidente contemporáneo, tiene una enorme deuda que saldar no sólo con ese pequeño porcentaje de personas que tuvo el privilegio de poder participar en su elección, sino una deuda con el mundo que le está dando un voto simbólico de confianza.

GENARO LOZANO / Politólogo e Internacionalista.
Comentarios: genarolozano@gmail.com

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