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Miércoles, 21 de Noviembre 2018

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La cumbre del G-20

Por: EL INFORMADOR

El mundo en vilo a la espera de las decisiones de la cumbre G-20. La crisis financiera, el desempleo abierto y la recesión iniciada lo ameritaban. Se esperaba una determinación que abriera la esperanza de un cambio profundo que tomara otra vez las riendas de la economía, pero no fue así. Por el contrario, y de manera inexplicable, la declaración final sostuvo: “La crisis no es del sistema de libre mercado…” por lo que se hace necesario: “Proceder hacia adelante con los principios del libre mercado que han integrado prosperidad y esperanza a los pueblos del mundo”. Y entonces sí que no se entiende nada… porque si algo no han tenido los pueblos desde que la libertad del mercado se ha aposentado es, precisamente, prosperidad y esperanza.

“Sería un error terrible que unos pocos meses de crisis minen 60 años de éxito”, declaró George W. Bush con voz triunfante, esperando que los demás estadistas le siguieran en coro para no cancelar lo que él llama éxito, pero que para la mayor parte de los países ha sido lo contrario. Éxito desde la perspectiva de Bush —para las pocas y muy privadas islas de bonanza—, que para la población mayoritaria ha resultado en un empobrecimiento cada vez más profundo.
Y el mundo esperaba la decisión del G-20 como se espera el diagnóstico de un paciente grave: operación radical que ofreciera la vida a cambio de un poco de sacrificio de todos. Pero lo que se obtuvo con los doctores del dinero fue declarar que el paciente no está enfermo, se tambalea, aniquila lo que encuentra a su paso, pero no está enfermo, sólo un poco atarantado, sólo un poco alocado, pero está bien y hay que dejarlo suelto, no importa que termine por derrumbar lo que todavía está en pie. Nada de cambios, porque desde la perspectiva de los allegados de Bush: “El sistema capitalista —siempre— se ha caracterizado por su inestabilidad y repetidas crisis…”. Sus actuales caídas y atroces efectos sólo son parte “natural” de sus devaneos, expresan, y lo sueltan a caminar cual si fuera un Lázaro resucitado; sin embargo, sólo es la caricatura grotesca de ese Frankestein sin padre que terminarán por aniquilar, sólo que más tarde, cuando los perjuicios sean más devastadores en esos grupos mayoritarios, hoy, todavía con vida.

Y ante la insistencia de Bush, se pidió a los gobiernos “no caer en la tentación del proteccionismo”. Y se acordó “que en los próximos 12 meses —los países— se abstendrán de levantar nuevas barreras a la inversión o al comercio de bienes y servicios, y de imponer nuevas restricciones a las exportaciones”. Nada de purgas. Nada de medidas de fondo. Nada de proteger a la población mayoritaria, no importa las vidas que cueste.

Entonces, en la sala de doctores, sólo una esperanza: que el relevo presidencial en Estados Unidos realice un trabajo de sanación de la economía, que acote el libertinaje del mercado, ése que como virus hoy ha provocado mal de montaña a los 20 en la cumbre.

LOURDES BUENO / Investigadora de la UdeG.
Correo electrónico: lourdesbueno03@yahoo.com.mx

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