Lunes, 17 de Noviembre 2025

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La crisis política de Mr. Gordon Brown

Por: EL INFORMADOR

Como corolario adecuado para estos días de verano, de un verano ciertamente proceloso en muchos aspectos de las relaciones internacionales, se dejan entrever fuertes tensiones que tienden a radicalizar ciertos sectores determinantes para nuevos reacomodos de orden político internacional.

Consecuentemente, lo que más ha conmocionado a la opinión pública, o mejor dicho a determinados sectores que integran los elitistas grupos de poder, en donde se ubica el mecanismo de la toma de decisiones, ha sido el sonado fracaso del Partido Laborista británico, por lo que los analistas consideran una humillante derrota sufrida nada menos que por Gordon Brown. Esto le ha colocado en una situación política muy delicada.

¿Qué quiere decir todo esto? Pues nada, con esta derrota el primer ministro laborista está ubicado entre la espada y la pared que conduce a una caída permanente en las expectativas electorales del laborismo y el auge constante de los “tories”, o sea de los conservadores, vamos, los de derecha, pero una derecha muy británica, muy elegante, muy sofisticada de acuerdo con el típico carácter británico.

Para Mr. Brown se perfilan solamente dos sopas, o sea dos alternativas opuestas en su perspectiva política: convertirse en la Thatcher expulsada por su propio partido, o reeditar el milagroso triunfo de Mr. Mayor en las generales de aquel 1992, en que los momios estaban a favor de un triunfo contundente del laborista Nick Kinnock.

Sin embargo, la derrota de Glasgow, punto crucial en la nacionalista Escocia, no puede extrapolarse a nivel nacional, no sólo porque las elecciones parciales no siempre reflejan el ánimo del conjunto de los votantes, sino porque en Escocia los conservadores apenas tienen presencia.

Pero hay que recordar que ningún primer ministro ha podido remontar unas expectativas tan negativas como las que tiene el laborismo tras 11 años en el poder.

Lo sucedido en Glasgow constituye una llamada de atención. El hecho de que la participación llegara a 42%, muy cerca del nivel de unas generales en Glasgow Este, fue quizá la peor noticia para el primer ministro del Gobierno de Su Majestad Británica, porque simplemente revela que su derrota no se debió a la abstención de sus propios seguidores. Fue, a no dudarlo, un voto de castigo en toda regla. Primero, contra el propio primer ministro por su bajo perfil como gobernante, y segundo contra su Gobierno, incapaz de dar una solución propia y elegante a la actual crisis económica.

Los británicos están preocupados por una crisis que ha venido acompañada de grandes alzas en los precios de la gasolina y los alimentos. Dos materias muy sensibles para la ciudadanía de menos recursos. Y los votantes del Este de Glasgow se encuentran entre los más desfavorecidos del país.

A favor de Brown juega el hecho de que los políticos británicos, además del “tea of five o’clok party”, se van de vacaciones, muy merecidas por cierto. El primer ministro tiene seis semanas para preparar la “rentreé”. De la temperatura política que se registre después del verano, dependerá en gran manera su futuro. El momento más delicado para él será el tradicional congreso de otoño, una cita propicia tanto para los golpes bajos como para el cierre de filas cuando los partidos se encuentran en apuros.

MANUEL LÓPEZ DE LA PARRA / Periodista.
Correo electrónico: loppra@economia.unam.mx

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