Miércoles, 22 de Octubre 2025

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La antropología de la confusión

Por: EL INFORMADOR


Es vivir en la incertidumbre de no saber cuál es la verdad.

Es sentirse atrapado en un mundo de simulaciones.

Es perder el rumbo y no saber el camino que se debe de tomar.

Es intercambiar la noción del bien y el mal.

Es la parálisis en la toma de decisiones.

Es salir a la calle y no saber si te roban, secuestran o ponen una multa.

Efectivamente, estamos viviendo una era de las confusiones; por el mismo estilo de vida que hemos elegido vivir, caemos fácilmente en la oscuridad de las reglas y la nitidez de nuestras acciones.

La turbulencia de la economía, el deslumbrar de la escalada en la alta tecnología, la seducción de los medios de comunicación cooperan, entre otros fenómenos, al mundo de la inconsciencia y la incapacidad para reflexionar y ubicarse en una precisa realidad humana.

Los jóvenes viven confundidos en su elección vocacional, no saben muchas veces lo que quieren, pierden el ritmo de lo que están haciendo, porque no saben ni lo que hacen. Se dejan llevar por la corriente de la moda y se quedan atrapados en los antros, si les va bien, y sujetos a la esclavitud del alcohol o de las adicciones.

El mundo marea y nos deja borrachos, sin saber qué pasos seguros hemos de dar rumbo a nuestro destino. Muchos caminamos como zombies, sin tomar conciencia de nosotros mismos.

La claridad de la razón se ve entorpecida por la invasión de las emociones, de los sentimientos y de la intensa estimulación de los sentidos.

La era de la razón se ve amenazada por el humo de la confusión.

Los más inteligentes ya también se enloquecen con los contaminantes de lo efímero y lo trivial. Se nos escapa de las manos la cultura del pensamiento, para darle cabida al mundo de la farándula y el espectáculo.

Queremos divertirnos y evadirnos de los azotes que nos propician las crudas realidades, y nos despojamos de los valores que verdaderamente nos fortalecen y dan dignidad y sentido.

La rectitud de los actos se ve atropellada por el relativismo de la ética y la moral. Se vale hacer lo que sea con tal de proteger mi egoísmo y salvaguardar mis intereses.

Perdemos la claridad de las ideas en un mar de opiniones diversas.

Todo mundo cree saber, todo mundo tiene derecho a opinar, todos acabamos por escuchar tantas cosas, que ya no sabemos distinguir la verdad.

¡Qué confusión!

¿Quién es sincero y quién dice mentiras? ¿Quién es íntegro y quién el que simula?

Vivimos entre actores. Entre rostros falsos con narices largas.

Urge la medicina de la sinceridad, de los valores que aclaren siempre la verdad, la luz que ilumine la oscuridad y nos lleve de la mano por la línea recta de la ética.

Nos toca a cada uno hacerlo, no esperemos que los demás resuelvan lo que cada uno tiene que hacer en su vida.

Despojarse de la confusión. Y vivir en la verdad.

GUILLERMO DELLAMARY / Filósofo y psicólogo.

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