Lunes, 27 de Octubre 2025

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“La Pacha mama”

Por: EL INFORMADOR

Ayer... y hoy

 
ADOLFO MARTÍNEZ LÓPEZ

 
Gabriela Mistral, la poetisa chilena, refiriéndose al mito de las antiguas culturas incas y aimaraes, así la describió:

“Cordillera de los Andes

madre yacente y madre que anda

que de niños nos enloquece

y hace morir cuando nos falta”.

Y es que los Andes, la cordillera considerada por los geólogos como la más dilatada del mundo, va a ser el tema de este artículo.

En América, de Norte a Sur, desde la Tierra del Fuego y hasta el Caribe, recorre toda la Costa Occidental, levantándose como muralla imponente e inaccesible al paso del hombre; los picos más altos del Continente Americano forman parte de ella y solamente la cordillera del Himalaya la sobrepasa en altura.

Con una blancura inmaculada, este dilatado espinazo de granito cuenta con 25 picos que sobrepasan los seis mil metros de altura, entre ellos el más alto de todos los altos: el Aconcagua, así como el Volcán Osorno, el Coropuna, el Austagate, el Ojos del Salado y el llamado “Cerro tronador” que sirve de frontera entre Chile y Argentina, donde constantemente se escuchan truenos lejanos que desgarran el silencio por la caída de grandes masas de hielo que restallan como balas de cañón y donde es posible ver los escenarios geográficos más sorprendentes y alucinantes que todo ser humano imagina.

Esta imponente majestuosidad de picos helados, con barrancas profundas y empinadas mesetas, este mundo de cumbres agudas, verdadero dominio de la altitud, donde son raras las huellas de la ocupación humana, increíblemente también cuenta con otros contrastes y caprichos de la Naturaleza: los amplios y suaves valles andinos, altos valles para que usted se sature de calma, belleza y silencio como lo hizo el que esto escribe, regiones de riqueza agrícola como los pueblos de Jauja, Ocopa y Huancayo en Perú, que hablan de la belleza y elocuencia de la Naturaleza, ya que en esos lugares:

“Apenas se siente

cruzar el ambiente

la brisa fugaz.

Ni canto, ni ruido

ni eco perdido

del mundo dormido

perturban la paz”.

Estos lugares tranquilos y apacibles atraen a los hombres andícolas que viven entre las nubes a más de cinco mil metros de altura, los cuales recurren puntualmente los días de mercado (los domingos), donde además de saludarse y convivir pueden comprar y vender sus productos: lana de alpaca y vicuña, pieles de llamas y guanacos, así como frutas, granos y verduras; por lo anterior, el turismo no es ajeno a ese movimiento ya que ahí pueden comprar y sobre todo observar las costumbres y el colorido vestuario de los indígenas.

ADOLFO MARTÍNEZ LÓPEZ / Escritor.

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