Viernes, 10 de Octubre 2025

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“La Gaita”

Por: EL INFORMADOR


Crear o bien fomentar el espíritu de barrio es algo sencillamente indispensable, porque de esa manera, en estos tiempos de crisis social, urge de cualquier modo fomentar lo importante que resulta la revalorización de valores éticos, humanos, ya sea dentro del contexto de la familia o bien en la escuela, y en la vida cotidiana donde a pesar de todo subsiste la convivencia humana, la identidad, las relaciones especiales incluso —increíble— en las cantinas y en las cervecerías del barrio.

Para muestra un botón: en los confines de la inmensa Ciudad de México, que ha absorbido vastas zonas formando inmensa mancha urbana, se encuentra Tacuba, con sus muchas tradiciones, leyendas y sucedidos, y dentro de ese conglomerado, está la famosa y nunca bien ponderada colonia Pensil, con su nomenclatura de golfos y lagos de varias partes del orbe y sus altares callejeros. La Pensil, con sus calles retorcidas y zigzagueantes, orladas de construcciones viejas, nuevas y modernas, salpicada de expendios comerciales de multitud de giros; razón de ser del “territorio apache”, como le suelen llamar sus lugareños. En las calles de Golfo de Adén, esquina con Lago Ernie, se ubica la famosa cervecería “La Gaita”, ya con muchos ayeres, y que ocupa recia construcción achaparrada y con fachada recubierta con tezontle, que más que cervecería es un punto de reunión de los vecinos del lugar, que día con día, al caer la tarde, o bien desde el filo del mediodía, van llegando allí para compartir con los “cuates” de la vecinda
d, para compartir toda suerte de experiencias, y al calor de dos o tres “cervatanas” bien “elodias”, comentar lo sucedido, sus propias experiencias, y es más, sus propias catarsis.

Se trata de un local de proporciones más bien reducidas. De las paredes penden cuadros de artistas del cine hollywoodense de tiempos pretéritos, así como de otros personajes relacionados con la literatura y el arte en general. La barra, lugar imprescindible de estos lugares, símbolo y emblema, está al lado derecho, en donde despacha y atiende a la numerosa clientela, Marco Antonio, “Toño”, para los amigos y conocidos, hijo del propietario de esta famosa cervecería y los clientes más asiduos se hacen llamar “gaiteros”. Hay bullicio, pláticas en voz alta y alegría en general.

En la ocasión que estuvimos por ahí, se trataba de presentar a la consideración de tal distinguida clientela —formada por muchos de extracción universitaria—, que atentos iban a participar en la presentación de un nuevo libro de nuestra autoría, precisamente sobre algunos aspectos característicos de esas barriadas. Pero, algo en especial nos llamó, en primera instancia, nuestra atención: párrafos selectos de dicho libro que Toño, el cantinero, había transcrito en varias cartulinas y las había pegado en las paredes. Esto es “poesía en prosa”, comentaría poco después uno de los muchos asistentes al evento, y por lo que se ve, asiduo concurrente a ese lugar, al igual que aquel antiguo alumno del salesiano, alto cenceño, con gafas de oficinista, vestido de traje y corbata, y que responde al nombre de Giovanni, y que habita regia mansión en las calles de Mar Irlanda, a un paso de Carrillo Puerto. Este parroquiano viene todos los días, alguien nos dijo al oído, y pensamos, “vaya, ¡qué aguante!”.

MANUEL LÓPEZ DE LA PARRA / Periodista.
Correo electrónico: loppra@economia.unam.mx

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