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Martes, 19 de Noviembre 2019
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La FIL

Por: EL INFORMADOR

ENTRE VERAS Y BROMAS             

En Guadalajara (y anexas) se habla de “La FIL”, a principios de diciembre, con la misma familiaridad con que se habla de “La Llevada” en octubre. Y así como resultaría una obviedad, una perogrullada, casi un pleonasmo, acrecentar, en esta última, “de la Virgen”, otro tanto sucede, en el caso de aquélla, hacer referencia a los libros.

—II—

Claro: aunque al cabo se ofrece el inventario de los editores, de los visitantes, de los libros que pasaron de los escaparates a los libreros de los tapatíos (no hay noticias de que el promedio de lectura de éstos supere de manera significativa el promedio de “menos de un libro al año” que lee la generalidad de los mexicanos, ni hay indicios de que ese promedio se haya acrecentado merced al impulso que supuestamente han significado dos décadas de FIL), es probable que lo menos importante de la FIL —¡oh, paradoja!— sean... los libros.

La FIL es un mundo de libros. Sí... Empero, en la FIL, obviamente, roban cámara los escritores. Parecería que los cientos de estantes y los cientos de miles de volúmenes que ven pasar a miles de personas, son el multicolor telón de fondo de un escenario por el que desfilan, “top-models” de la intelectualidad, las vacas sagradas de la literatura: García Márquez, Saramago (ausente esta vez), Savater, Fuentes —la quinceañera de esta edición—, Lobo Antunes... Los “encuentros” con ellos hacen posible el portento de que los lectores —simples mortales— dialoguen con los dioses que crean mundos que los cautivan y personajes que los seducen... aunque quizá sean más los que se limitan a llevarse una foto, un autógrafo o alguna gracejada fugaz de las estrellas del espectáculo.

Por los mismos escenarios desfilan, también, los primerizos; los desconocidos; los aspirantes. Y también, por supuesto, los oportunistas; los escritores coyunturales, de ocasión o de circunstancias: ciudadanos y ciudadanas insospechables de haber leído alguna vez en su vida, y que, como por arte de magia, salen, de la noche a la mañana, con la sorpresa de que dieron a luz... un libro.

—III—

Categóricamente: si otros hacen el milagro de hacer ver a los ciegos, la FIL hace el de convertir a analfabetos funcionales en escritores.

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