| Juntos, pero sin casarse Por: EL INFORMADOR 9 de julio de 2008 - 23:00 hs Es cada vez más común que las nuevas parejas vivan juntas sin casarse. Hace algunos días me topé con una sobrina que me presentó a su acompañante, y no supo decirme si era su esposo, novio, pareja o qué. Lo que sí me mostró con particular orgullo, es que estaba esperando un hijo del hombre que me quiso presentar. Lo interesante es que no supo, exactamente, qué palabra utilizar para ubicar su estatus social. Si estamos preocupados por tantos divorcios y matrimonios disfuncionales, cómo vamos a cuantificar ahora las relaciones que no tienen ni nombre propio. Lo que sí es un hecho, es que tienen los mismos problemas de las parejas que han contraído matrimonio y están expuestos a los mismos conflictos de separación y, en consecuencia, a la desintegración familiar que tanto afecta a nuestra sociedad. Hasta donde conocemos, no hay manera de obligar a que las parejas de la nueva generación contraigan matrimonio civil, ni mucho menos el religioso. Por consecuencia tendremos que buscar nuevos mecanismos sociales para afrontar los retos que representan. Ya no tenemos capacidad de afrontar las consecuencias de tantos divorcios, que de por sí van en franco aumento, que según estadísticas han aumentado cuatro veces más en comparación con las cifras de 1980. Y también sabemos que el bajo rendimiento escolar, la propensión a la delincuencia, el vandalismo y la improductividad descansan en las familias disfuncionales que tienen como base un matrimonio en constante crisis. Si el cumplimiento del compromiso conyugal es muy difícil con documentos en la mano y palabras de fe ante el altar, ¿qué será cuando no existe compromiso más allá que la palabra y la buena voluntad de los arrejuntados? Nos queda muy claro que no estamos invirtiendo en investigaciones, ni en programas de ayuda para que las nuevas parejas mantengan una mayor solidez en su relación y se conviertan en auténticos bastiones para una mejor sociedad. Si las autoridades ya saben que la delincuencia recluta personas que han crecido en familias disfuncionales, debemos de aplicar remedios urgentes para subsanar esta gran falla social, en vez de invertir en armas y corporaciones policiacas, que son sólo paliativos ante el verdadero mal que es la familia enferma. Entonces comencemos por invertir en revertir el proceso de descomposición de la vida conyugal, y hagamos un verdadero esfuerzo para apuntalar su caída y fortalecer la relación base de la sociedad. Nos queda la esperanza de que las nuevas generaciones sostienen que no se necesita de ningún papelito para mantener viva una relación conyugal. Que el verdadero amor no necesita de rituales ni eventos sociales para mantenerse como un compromiso serio. Mientras tanto, algo urgente tenemos que hacer por los miles de parejas que duermen juntos sin pensar en el matrimonio. GUILLERMO DELLAMARY / Filósofo y psicólogo. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones