| Insoportable levedad Por: EL INFORMADOR 17 de junio de 2008 - 23:00 hs El desafío de nuestra sociedad es romper con la inercia que nos arrulla en la comodidad del ritmo semi lento de una evolución sin rumbo. La voluntad de trascender se ha vuelto una quimera de los que tienen que irse en busca de horizontes ciertamente menos cómodos, pero más importantes, ya que aquí lo que impera es la parsimonia de una suerte de destino en donde las existencias individuales se marchan una a una sin dejar más huella que un recuerdo plácido. Crear para permanecer es sólo una idea romántica, y actuar para significarse es una muestra de vanidad; el devenir está en la superficie formal de una vida plena de vacíos y frivolidad. El significado que parece que nos importa es el de la percepción, de la apreciación por parte de los demás, del cuidado formal. Importa la apariencia, aunque en el fondo haya insignificancia. Milan Kundera se refiere, al hablar del mito del eterno retorno, a esta idea con frases lapidarias: “Una vida que desaparece de una vez para siempre, que no retorna, es como una sombra, carece de peso, está muerta de antemano y si ha sido horrorosa, bella, elevada, ese horror, esa elevación o esa belleza nada significan. No es necesario que las tengamos en cuenta, igual que una guerra entre dos estados africanos en el siglo XIV, que no cambió en nada la faz de la Tierra, aunque en ella murieran, en medio de indecibles padecimientos, 300 mil negros”. Esta frase, si la llevamos a la vida de una sociedad, de una comunidad, parece cuestionarnos respecto a nuestro significado en la nación, en el mundo. Vale la pena preguntarnos si en algún momento nos hemos propuesto ser algo como sociedad, o si simplemente hemos hecho lo que se nos ha indicado. Vale la pena averiguar si en algún momento hemos tenido la voluntad de tomar nuestro destino común en nuestras manos, o simplemente hemos dejado que éste lo decidan otros, porque es mucho más cómodo. Esto aplica también a las pequeñas comunidades, sociedades, empresas o grupos que deciden reunirse con propósitos valiosos. Es que somos capaces de crear una identidad colectiva fruto de la voluntad de individuos comprometidos, o simplemente nos reunimos a compartir con emoción pero con la más absoluta levedad. En esta realidad en la que aparentemente todo está perdonado de antemano, y por tanto todo cínicamente permitido, para seguir con Kundera, lo que es imperdonable es simplemente navegar simulando que tenemos compromisos colectivos para simplemente cuidar los intereses personales. El desafío de nuestra sociedad no sólo es acelerar el ritmo, sino hacerlo a partir de una acción comprometida con las ideas, con el debate, con la libertad. Contra la levedad está la libertad comprometida, y contra la mediocridad el esfuerzo reconocido por la sociedad. Es hora de romper con la inercia de la levedad. Los más comprometidos con la sociedad tienen la palabra. LUIS SALOMÓN / Doctor en Derecho. Correo electrónico: lsalomon@iberlinks.com.mx Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones