| Inseguridad y economía Por: EL INFORMADOR 19 de septiembre de 2008 - 23:00 hs Es preocupante, a todas luces, el problema de la inseguridad social que efectivamente ha alcanzado altos niveles, y esto es tan grave, que está afectando seriamente a la seguridad nacional, al Estado de derecho en especial; esto último se refleja en la preocupación del nuevo embajador de Francia, quien manifestó abiertamente que a su Gobierno le preocupa esta situación, pues daña en muchos aspectos los intercambios y compromisos económicos entre ambos países. La inseguridad pública ya rebasó los límites de la capacidad de la sociedad civil, y está presente en todas partes, no solamente en los robos a mano armada y demás actos de la delincuencia organizada que increíblemente tiene poder; tiene presencia y capacidad de tergiversar las instituciones nacionales. El hurto, repetimos, está en todas partes, pues hay raterillos de todos tamaños y alcances, de tal modo que todo esto se está convirtiendo en el símbolo de estos tiempos, pues hay desde la fámula que roba el “gasto” a la señora de la casa, o el pintor de medio pelo que pide un adelanto y que no cumple su compromiso, hasta los estratos medianos y superiores de la delincuencia posmoderna que no teme a nada y que tampoco se amedrenta con nada, ni con marchas, ni con veladoras, ni con amenazas, ni con la pena de muerte, ni la ley fuga, ya que está perfectamente consolidada, organizada y “curada de espanto”. Pero, en realidad han sido pocos los analistas que han dado a conocer cuál o cuáles son las raíces de este mal, considerado con justa razón un mal endémico. Toda esta intrincada cuestión se está politizando agudamente en detrimento de los intereses del pueblo; del pueblo que cada vez está más escéptico, y cada vez también está más empobrecido. El problema es terrible, pues se trata con todas las de la ley de una especie de guerra civil entre policías y ladrones, éstos adiestrados a la alta escuela. El meollo del problema puede ser la resultante de políticas económicas y públicas que no van de acuerdo con lo que requiere el país. Por tanto, no hay que pasar por alto que el problema es de carácter esencialmente económico, y éste no se podrá resolver con el uso de la fuerza, porque la respuesta es otra manifestación de la fuerza corregida y aumentada. En las últimas dos décadas los jóvenes mexicanos han tenido dificultades para obtener empleo, empleo bien remunerado y estable, por lo que unos 12 millones de ellos han tenido que emigrar a los Estados Unidos, donde en trabajos modestos pueden ganar mucho más que en su propio país. Pero también, otros muchos miles se incorporan a la delincuencia organizada, donde no sin riesgos pueden obtener ganancias hasta 100 veces más que en las actividades lícitas mal remuneradas. Entonces, ¿cuál es la raíz profunda? Una sociedad decadente, dominada por una oligarquía, donde las instituciones día a día se están resquebrajando. Una minoría que se reserva los beneficios no deja crecer al país. Los elementos de cohesión interna se destruyen cada día. La crisis económica se vincula a la inseguridad. La solución no está en más policías, más Ejército o imponer castigos duros o excesivos. Se hace necesaria una reforma del Estado. Un cambio a fondo en la política económica para volver a crecer y para hacer efectiva, de nueva cuenta, la justicia social. MANUEL LÓPEZ DE LA PARRA / Periodista. Correo electrónico: loppra@economia.unam.mx Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones