Domingo, 12 de Octubre 2025

LO ÚLTIMO DE

|

Indefinidos

Por: EL INFORMADOR


Calificar a una persona de indefinida es una pésima recomendación, pues a diferencia del indeciso, el indefinido sí toma decisiones, pero las cambia sin que medie razón objetiva; su opinión no es confiable, porque es versátil; con las personas indefinidas no sabemos nunca a qué atenernos, ya que suelen adquirir siempre el color del interlocutor en turno.

La sociedad mexicana sigue siendo mayoritariamente una sociedad indefinida. Formalmente busca la democracia y la considera el valor supremo, pero luego resulta que tal convicción era broma, que incluso sus más destacados defensores no se lo tomaban tan en serio, que la realidad siempre es distinta a la formalidad, y la realidad es tener un salario, estar bien con el que tiene el poder, lo ejerza como lo ejerza, y que las instituciones son solamente coberturas manejables.

En México, la frecuente lucha en contra del autoritarismo, del caciquismo, de las ultraderechas y las ultraizquierdas, de la demagogia y la farsa democrática, acaban siendo meras posturas, la máscara del momento; a la hora de los hechos las declaraciones de ayer eran parte del jolgorio momentáneo, que debe ceder frente a los intereses de hoy. Si nuestra crítica a la prostitución de la democracia, de las leyes y las instituciones fuese honesta, no admitiríamos ese tipo de manejos bajo ninguna condición ni a cambio de ningún beneficio, que no sería otra cosa que un soborno; lo correcto sería cambiar el discurso, pero cambiarlo o sostenerlo exige definición, y eso es lo que no tenemos.

Atorados entre el pasado y el futuro, ni restauramos la dictadura ni la abatimos por completo; tampoco renegamos de la democracia, pero hacemos cuanto sea posible para no permitirle funcionar, y si algún iluso lo pretende, todas las fuerzas vivas de los “mexicanos al grito de guerra” se sublevan y se arrastran en favor del poderoso, cuya sagrada autoridad ha sido amenazada.

Es cierto que quienes se adueñan del poder, en cualquier lugar e instancia, viven con el temor de que se les arrebate por los mismos o peores medios por los cuales lo adquirieron; temor que nace de la indefinición de su postura, de la indefinición de la idiosincrasia mexicana, de la indefinición de las leyes que prohíben, pero permiten, de la sociedad que condena al cacique, pero se beneficia del cacicazgo, de la debilidad de pensamiento que ostentan los intelectuales orgánicos que en esta fértil patria surgen hasta de las piedras; a fin de cuentas empleo mata todo, y si es bien renumerado, mata con mayor eficacia. En este punto la actuación más patética es la de quienes desempeñan un papel que ni siquiera entienden, y lo medio actúan con el ridículo consecuente, ejemplo: el puño de manifestantes, de cualquier manifestación, que ignoran o saben a medias por qué se manifiestan.

Por estas y tantas otras razones nuestra indefinición es causa de nuestro estancamiento, del deterioro de las instituciones, y de ese continuo derivar del país hacia el cinismo y la general irresponsabilidad. Por estas razones también nuestra indefinición es repulsiva y denigrante.

ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO / Licenciado en Historia.

Recibe las últimas noticias en tu e-mail

Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día

Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones