| Impunidad y pena de muerte Por: EL INFORMADOR 8 de octubre de 2008 - 23:00 hs Economía y fisco En el Egipto faraónico se castigaba con la pena de muerte una falsa declaración de impuestos. En Venecia hay una boca en el muro del Palacio del Duce, en la que introducían la mano los contribuyentes después de pagar sus impuestos. Si la mano salía negra significaba que no había pagado correctamente y era ejecutado. Por supuesto que el contribuyente creía en los poderes adivinatorios del Duce, lo que no sabía era que un inspector fiscal que tenía evidencias de evasión, vertía el hollín con que se impregnaba la mano. En nuestros tiempos ese castigo sería impensable. A la moderación de las penas, se ha agregado la incapacidad del fisco para detectar el grueso de la evasión y elusión fiscal, lo cual se traduce en impunidad, y de ahí la baja recaudación de la que se quejan continuamente nuestras autoridades hacendarias. Esta merma en los ingresos fiscales tratan de corregirla agregando nuevos impuestos a los existentes, que inciden en la misma masa tributaria, lo cual trae como consecuencia la resistencia a pagarlos y la desesperada búsqueda de recetas de cocina para evadirlos con una razonable seguridad de no ser detectados. Por supuesto que la sociedad debe castigar a los que la dañan. El daño que hace el que no paga sus impuestos en la forma y cuantía que previenen las leyes, causa un enorme daño a la sociedad, sin embargo, no es acreedor a penas severas, en tanto no se castigue en la misma forma a quienes hacen mal uso de los recursos públicos; a quienes los dilapidan, cometen peculado; abusan de ellos en su beneficio personal, rodeándose de lujos y comodidades a costa del erario, o se asignan cuantiosos bonos que no van de acuerdo con el trabajo que desempeñan o el cargo público que ostentan. El filósofo y penalista italiano César de Beccaria, durante el siglo XVIII razonaba: “La vista de una esclavitud perpetua es preferible a la pena de muerte, que agota su rigor en su solo instante; de ahí que la duración de la pena sea preferible a su intensidad”. La idea de la pena de muerte no es digna de una sociedad civilizada; promueve la ejecución por el ejemplo, se condena a morir no sólo por el delito que se cometió; sino para que los demás no lo imiten. Sin embargo, debemos entender que hay monstruos incorregibles y que no debemos proporcionarles cobijo y sustento hasta el fin de sus días. El sistema carcelario debe modificarse para no mezclar primo delincuentes con asesinos irredentos, ni los condenados a cadena perpetua con los que tienen penas temporales; no estaría mal seguir el ejemplo del sheriff del condado de Maricopa en Arizona, que alimenta a los presos con un sola comida nutritiva: sándwiches de mortadela tres veces al día, y los pone a trabajar para que la paguen. LUIS JORGE CÁRDENAS DÍAZ / Contador Público Certificado. Correo electrónico: luisjcardenas2@hotmail.com Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones