Jueves, 23 de Enero 2020
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Hubo un tiempo que no es hoy

Por: EL INFORMADOR


Hubo un tiempo en el que el Estado mexicano garantizaba el cuidado a la infancia de este país como un deber prioritario, el Instituto Nacional de Protección a la Infancia y sus excelentes guarderías, sitios donde expertos nacionales dirigían sus trabajo y donde eran invitados expertos internacionales para aprender un poco de lo muy bien que se hacía en este país. Hubo un tiempo en el que los desayunos escolares sostuvieron la alimentación de una generación completa, logrando bajar el nivel de desnutrición de la población mexicana, hoy atizada por la pobreza. Hubo un tiempo en el que a los presidentes les interesaba mejorar la vida de este país y de los mexicanos… Hubo un tiempo: que no es hoy.

Porque hoy los niños son tratados como una molestia necesaria que hay que guardar en bodegas y con quienes se puede hacer negocio… Porque hoy a las madres trabajadoras no se les da la reciprocidad que corresponde a sus importantes aportes que generan al Estado, a las empresas, al país.

Pero hubo un tiempo, que hoy pretenden olvidar los que tienen memoria convenientemente selectiva, en que la educación pública logró elevar el nivel educativo de los mexicanos, de tres a 10 años. Hubo un tiempo… que no es hoy.

Porque hasta antes de 1988, el objetivo de los distintos gobiernos era el bienestar de la población: empleo, educación, salud, seguridad; todo dinamizado por la movilidad social, a través de la educación superior, excelente y gratuita, con presupuesto suficiente, que permitía una matrícula donde todos cabían, elevando el porcentaje de profesionistas que sí tenían trabajo, sostén de familias que fortalecieron la clase media mexicana, hoy en agonía.

No es que se quiera regresar al pasado, sólo recuperar lo perdido, porque quienes hoy están en el poder deben saber que este país nunca se había deteriorado de tal manera, desde calidad de vida, hasta ética social, hoy sustituida por el interés de los mercaderes en el poder que todo lo venden, hasta la seguridad de los niños mexicanos.

Y para que esta tragedia no quede impune, las autoridades deben admitir la cadena de complicidades: desde el Gobierno de Fox que bajó los estándares para las guarderías y que recortó el gasto para el sector público; los legisladores que no dieron la voz de alerta; los funcionarios, desde los más altos hasta los operativos, que dejaron pasar mirando a otro lado; los encargados de hacer las inspecciones que nunca vieron ni llantera, ni techo flamable… hasta quienes siendo servidores públicos se favorecieron de la casi privatización de una responsabilidad que este Estado quiere abandonar. Todos son culpables.

Y para que esta tragedia no se repita, sólo queda que el Estado reforme la norma 197, para que ahora sí, sea garante del cuidado de los niños que están en las ocho mil guarderías “changarro”; poner criterios estrictos que garanticen el cuidado de los niños y echar a andar un programa de remodelación de guarderías, infraestructura y funcionamiento, acompañado de un programa de capacitación del personal. Esto, y el reconocimiento de la cadena de complicidades, sería un pésame digno para el dolor de tantas familias. Otra cosa sería más de lo mismo.

LOURDES BUENO / Investigadora de la UdeG.
Correo electrónico: lourdesbueno03@yahoo.com.mx

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