Jueves, 16 de Octubre 2025

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Honestidad y corrupción

Por: EL INFORMADOR


Me decidí a enterarme del noticiario de la tarde para saber cómo iba el país. Igual. Creo que me dormí o, al menos, el pajarito de la atención voló hacia otros lares. No tiene importancia la distracción, porque siempre nos dicen lo mismo.

Hablaba el Presidente Calderón. Dice buenas cosas y fueron dos palabras suyas, intercaladas en su discurso, lo que me hizo volver a la realidad: honestidad y corrupción.

Son dos vocablos importantísimos en la historia de México. No dudo de que en otros países puede suceder algo muy parecido, pero a nosotros nos interesa México y ahora.

Cualquier mexicano que consideremos normal ha de sentir lo mismo al oír dichas palabras: despertará de ese letargo en que nos tienen sumidos: exceso de corrupción y ausencia de honestidad.

De eso de la corrupción lo entienden todos, pero la honestidad ¿qué es? Se ha olvidado. Es la decencia en todas las acciones humanas.

Está viviendo el mundo, y dentro de él México, el preámbulo de una época que nos anuncian fatal por la disminución del petróleo y los alimentos. Nos preguntamos muchos ¿cómo hemos llegado a este estado? Algo... muchas cosas se han hecho mal, con egoísmo exagerado. Es necesario que con actividad, sin descanso, se estudie este aspecto de nuestra vida económica. Se dice y se repite que abusados individuos han dispuesto de sumas grandísimas a su favor: que si para campañas políticas, que si para llevar una vida rica. Minuciosamente hay que estudiarlo y lo adquirido dolosamente que lo devuelvan o se los embarguen.

No hay dinero para solucionar el caso del petróleo y crear el negocio que merecemos. Pero si eso del petróleo era un tesoro sin fin. ¿Qué hacer? ¿Empobrecernos totalmente o que otra vez sea de los extranjeros?

Cada día somos más. Cada instante hay más bocas que piden alimentos. El campo no está protegido como necesitamos. Recuerdo, hace años, cómo en las eras había montañas de cereales y los campesinos pagaban sus deudas con fanegas de sus productos conseguidos abundantemente con su trabajo.

Los que se enriquecieron con la corrupción ricos quedaron. De honestidad no saben nada y es lo que necesitamos.

Se le ha caído un billete al señor que va delante y el que va detrás lo coge y trata de guardárselo. Un hombre honesto le dice: “No, no es tuyo”, y contesta el corrupto: “Vamos a medias ¿eh?”. No quiere ese trato el hombre honesto y el dueño del billete se da cuenta del lío y recupera su dinero. Así debe ser en todo, que los honestos defiendan la legalidad, sin miedo, porque sí hay miedo en esta defensa.

¿Cuántos honestos hay en el mundo, en México?, porque necesitamos millones, los corruptos son más. ¡Cómo abultan esos montones de dólares que nos muestra la televisión, producto de las malas mañas de los corrompidos!

Y los mexicanos comunes y corrientes ¿qué entienden de esta situación? ¿A merced de qué viento están?

GABRIEL PAZ / Escritora.
Correo electrónico; macachi809@hotmail.com

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