Miércoles, 22 de Enero 2020
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Ganga

Por: EL INFORMADOR

Si aquello de “Al cliente, lo que pida” aún está vigente como regla de oro del periodismo y de muchos otros oficios, habría que preguntar, a continuación, si los cerros de notas relacionadas con las próximas elecciones (ojo: faltan 20 días) que se suministra en los medios, concuerda con la demanda de los receptores de información. Si esa duda se enfoca al dilema de votar, no votar o anular el voto y a los argumentos a favor de cada opción, es probable que la respuesta sea afirmativa: el ciudadano común es receptivo con respecto a ellos. Si se plantea, en cambio, con respecto a planteamientos ideológicos y propuestas concretas de los candidatos a los cargos de elección popular que se rifarán en esa ruleta, habría serias dudas.
Botón de muestra: el transporte público...
—II—
El tema es ilustrativo. A diferencia de otros, oportunistas, coyunturales, como la seguridad y el empleo, en los que el margen de maniobra de munícipes y diputados —los cargos públicos que se renovarán en estas elecciones intermedias— es muy limitado, el transporte público, una de las necesidades básicas de todas las comunidades, es un servicio que esencialmente debe prestar la autoridad civil... aunque de ordinario se concesione a particulares.
A la vista de la inconformidad generalizada porque la movilidad urbana es un problema que tiende a agudizarse a medida que se acrecienta la perversa inercia del crecimiento desordenado de la ciudad y la insuficiencia de las medidas orientadas a resolverlo, los “suspirantes” al Gobierno municipal juegan alegremente uno de sus ases: “No al Macrobús; sí a la ampliación del Tren Ligero”.
—III—
Al margen de que las bondades del Macrobús, en su primera etapa, pudieran probarse —hasta ahora, salvo prueba en contrario, las opiniones están divididas—, el director del sistema, Diego Monraz, daba cifras: cada kilómetro de Tren Ligero cuesta 600 millones de pesos: con ese dinero se pueden construir 16 kilómetros de Macrobús.
Por supuesto, un candidato no se detiene en esas pequeñeces. Un candidato, en vísperas de las elecciones, cree que debe dar la sensación de tener una varita mágica, capaz de hacer realidad las fantasías que ofrece... No faltarán incautos que, al precio de remate al por estos días y por tiempo limitado hasta el 5 de julio, se cotizan en el mercado (“¡Lléveselas, estamos en promoción, a voto por cabeza...!”) se las compren.

JAIME GARCÍA ELÍAS

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